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Analysis

Es hora de dejar de manipular distritos electorales que priven a los latinos de su poder político

La comunidad latina impulsó el crecimiento poblacional de la última década, pero queda por verse si consiguen la representación política que se merecen.

November 4, 2021
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David J. Phillip/AP

Este artículo se publicó origin­al­mente en Univi­sion

La pobla­ción de los Esta­dos Unidos se está volviendo más latina, y lo está haciendo rápi­da­mente. Sin embargo, las comunid­ades lati­nas de todo el país siguen priva­das de su poder político real y despo­ja­das de su repres­enta­ción polít­ica por la manipu­la­ción de distri­tos diseñada expres­amente para suprimir su voto.

El resultado de esta manipu­la­ción discrim­in­at­oria de distri­tos elect­or­ales es la casi total exclusión de los lati­nos de los cargos públi­cos. En 2020, los lati­nos ocuparon tan solo el 1 por ciento de todos los cargos públi­cos elec­tos a nivel local y federal, a pesar de componer el 18 por ciento de la pobla­ción del país.

De hecho, los resulta­dos del censo de 2020 demuestran que los lati­nos contribuy­eron más de la mitad del creci­mi­ento pobla­cional del país entre 2010 y 2020, con un aumento de 11.6 millones de perso­nas en sus pobla­ciones: muchísimo más que cualquier otro grupo étnico en térmi­nos abso­lutos. Los lati­nos ya son el grupo minor­it­ario más grande en 21 esta­dos y, en Cali­for­nia y Nuevo México, ya super­aron a la pobla­ción blanca no latina y se convirti­eron en el grupo demo­gráfico más grande del estado. Se prevé que pase lo mismo en Texas.

La prosperidad de la pobla­ción latina es una fuerza domin­ante en la economía, respons­able por casi las tres cuartas partes del aumento en la fuerza laboral desde la Gran Depresión. Cada vez más son los lati­nos que se gradúan con títu­los universit­arios, compran vivien­das y se presentan como candid­a­tos en las elec­ciones . Además, este creci­mi­ento latino está teniendo reper­cu­siones en la polít­ica: como son cada vez más los lati­nos que pueden votar, el voto latino fue decis­ivo en la victoria del pres­id­ente Biden en 13 esta­dos, y hubo una parti­cipa­ción récord de lati­nos en las elec­ciones de 2020 en todo el país.

Pero con esta dimensión y este poder elect­oral emer­gente, ha venido también un contragolpe. En los esta­dos donde el creci­mi­ento de lati­nos y el de otras perso­nas no blan­cas amenaza el statu quo político, las legis­lat­uras ya están comen­zando a manip­u­lar los distri­tos elect­or­ales de las comunid­ades lati­nas para quit­arles su voz polít­ica, condens­ar­las en menos distri­tos para circun­scribir su poder elect­oral o dispers­ar­las en varios distri­tos para diluir su fuerza elect­oral. En Texas, por ejem­plo, la legis­latura aprobó un nuevo mapa congre­sual que redujo la cantidad de distri­tos con mayoría latina, a pesar de que, en real­idad, el estado incor­poró a 2 millones de lati­nos desde 2010.

Esta no es una nueva táctica. Durante la última década, Texas no creó ninguna opor­tunidad elect­oral nueva para los lati­nos, a pesar del rápido creci­mi­ento concentrado de las comunid­ades lati­nas, lo cual generó liti­gios que se exten­di­eron durante años para contrar­re­star esta conspir­ación discrim­in­at­oria. Del mismo modo, un liti­gio exitoso en Flor­ida demostró que la legis­latura había condens­ado a los votantes lati­nos en distri­tos que ya eran marca­da­mente demócratas para reforzar el poder de los distri­tos repub­licanos a expen­sas de los votantes lati­nos. Incluso en esta­dos bajo control demócrata, como Illinois y Wash­ing­ton, los lati­nos suelen terminar divididos en difer­entes distri­tos para reforzar escaños demócratas ya seguros y privar­los de la opor­tunidad justa de elegir a repres­ent­antes de su pref­er­en­cia.

Incluso con una parti­cipa­ción récord en las elec­ciones de 2020, los votantes lati­nos, según muchas fuentes, fueron releg­ados por las campañas polít­icas tanto del partido repub­licano como del demócrata. Esto ocurre justo en un momento en que las comunid­ades lati­nas neces­itan respuesta de sus legis­ladores. Durante la pandemia, los lati­nos tenían casi el triple (2.8) de prob­ab­il­id­ades de morir de Covid-19 y sufri­eron más pérdi­das econ­ómicas y perdieron más empleos que cualquier otra persona en los Esta­dos Unidos. Y desde que comenzó la pandemia, los adul­tos lati­nos tienen más prob­ab­il­id­ades de ser desalo­ja­dos de sus vivien­das y sus hijos, de atrasarse en la escuela, que sus pares blan­cos.

Sin embargo, en lugar de afrontar los prob­lemas y satis­facer los deseos de esta gran porción del elect­o­r­ado, muchos esta­dos como Texas y Flor­ida les han creado nuevos obstácu­los para votar. Está habiendo prácticas anti­lat­i­nas de distribu­ción de distri­tos en medio del esfuerzo de supresión del voto más import­ante de las últi­mas déca­das, y gran parte de este esfuerzo está diseñado con el objet­ivo de redu­cir el creciente poder de las comunid­ades lati­nas.

Estos ataques contra el elect­o­r­ado latino están profunda­mente arrai­gados en el prejui­cio y la viol­en­cia que viene desde hace más de un siglo. Se estima que las bandas viol­entas mataron a miles de perso­nas de descend­en­cia mexic­ana a comi­en­zos del siglo veinte, un dato que no suele enseñarse en los libros de historia estadounidense. Otro hecho olvid­ado es la campaña de autor­id­ades locales y estatales de “repat­riar” (es decir, regresar a México por la fuerza) a aprox­im­a­da­mente 2 millones de mexicoamer­icanos durante la Gran Depresión, muchos de los cuales eran ciudadanos estadounidenses. Más tarde, incluso la Ley de Derecho al Voto de 1965 inicial­mente no protegía a las perso­nas puer­tor­riqueñas de las prue­bas de alfa­bet­iza­ción en inglés admin­is­tra­das en los sitios de vota­ción de Nueva York (la ley no incluyó a las “minorías lingüísticas” hasta pasa­dos los 10 años de su aproba­ción).

Si bien la pobla­ción latina ha crecido mucho y se ha vuelto más diversa durante los últi­mos 50 años, este patrón de discrim­inación sigue increíble­mente intacto.

Todos los días, los legis­ladores de todo el país reciclan las malas prácticas de distribu­ción de distri­tos que han aplacado las opor­tunid­ades polít­icas de los lati­nos durante déca­das. El elect­o­r­ado y las organ­iza­ciones de defensoría pueden impug­nar estos mapas en la justi­cia. Pero estos inten­tos serán impe­didos por la inter­preta­ción restrictiva que hacen los tribunales de las leyes elect­or­ales y por la capa­cidad de las perso­nas encar­ga­das de trazar los mapas (después de que la Corte Suprema permit­i­era la manipu­la­ción partidista de distri­tos) de alegar que los lati­nos fueron afecta­dos por razones polít­icas, y no por su etni­cidad. Por eso, es ahora más urgente que nunca que el Congreso repare y fortalezca las leyes elect­or­ales de la nación aprobando la Ley para el Avance del Derecho al Voto (John R. Lewis Voting Rights Advance­ment Act) y la Ley de Liber­tad de Voto (Free­dom to Vote Act).

Cuando se redactaron las leyes elect­or­ales de la nación hace más de 60 años, menos del 8 por ciento de la pobla­ción del país era latina. Para esta nueva ronda de distribu­ción de distri­tos, es hora de que, de una vez por todas, las perso­nas encar­ga­das de trazar los mapas dejen de discrim­inar y comi­en­cen a distribuir los distri­tos de modo que den a los votantes lati­nos la opor­tunidad de elegir a los candid­a­tos que repres­entan y luchan por la comunidad latina.