Suscríbete aquí al boletín informativo del Brennan Center en español
- Todos los ciudadanos estadounidenses tienen el derecho a elecciones libres, justas y seguras.
- Necesitamos una representación plena en la gobernanza para que las políticas públicas logren atender las necesidades de todos.
Las instituciones públicas de los Estados Unidos necesitan urgentemente reparación y renovación. Las elecciones de 2024 marcaron la primera vez desde el siglo XIX que el partido en el poder perdía la presidencia por tercera vez consecutiva. La confianza de la ciudadanía en el gobierno ha caído a mínimos históricos. Es evidente que la ciudadanía se siente abandonada, económicamente desamparada e insatisfecha con el gobierno que está para servirles.
La crisis puede dar lugar a la innovación. Como insistió Lincoln, debemos “pensar de nuevas formas”. Lo que importará más no es aquello a lo que nos oponemos, sino aquello que defendemos.
Esta es la cuarta entrega de una serie sobre agendas políticas. El Brennan Center empezó con propuestas para combatir la corrupción y reformar la Corte Suprema, y pronto comenzará a presentar soluciones centradas en el poder ejecutivo. También propondremos ideas de reformas constitucionales, entre otras iniciativas.
Nuestras soluciones deben estar a la altura de la magnitud de los desafíos. Estas buscan abordar los problemas de hoy, no los de hace 10 años o de 1975. El proyecto de reforma debe involucrar a personas de ambos partidos, así como aquellas sin vínculo partidista. Las mejores ideas no son ni de izquierda, ni de derecha: recogen el deseo urgente de un sector central descontento.
A lo largo de la historia, las reformas suelen surgir tras los escándalos y las crisis, a menudo, aunque no siempre es así. Si actuamos, de los enfrentamientos actuales puede surgir una etapa de renovación y renacimiento democrático.
Michael Waldman
Presidente y CEO
Brennan Center
El voto es el corazón de la democracia y es la esencia del autogobierno. Todos los ciudadanos estadounidenses tienen el derecho a elecciones libres, justas y seguras. Necesitamos una representación plena en la gobernanza para que las políticas públicas logren atender las necesidades de todos. Las elecciones deben ser modernas y libres de injerencias extranjeras.
El sistema electoral estadounidense ha sido por mucho tiempo un referente para el mundo. Hace dos siglos y medio, la Declaración de Independencia afirmó que el gobierno sólo es legítimo cuando se basa en el “consentimiento de quienes son gobernados”. En aquel entonces, solo los hombres blancos propietarios de bienes podían votar. Desde entonces, los estadounidenses han ampliado el círculo de la democracia. En cada etapa, hubo resistencia. Pero con el tiempo, quienes lucharon por expandir y proteger el derecho al voto, en gran medida, lograron prevalecer.
Las elecciones en Estados Unidos han demostrado tener una notable resiliencia. En los últimos años, a pesar de la pandemia, las amenazas de violencia y la desinformación, el sistema resistió. Las últimas dos elecciones presidenciales registraron una participación electoral récord: 66 por ciento en 2020 (la cifra más alta desde 1908) y 64 por ciento en 2024. La ciudadanía estadounidense quiere votar.
Sin embargo, el sistema ha sido golpeado por un ataque político diseñado para restringir el voto y socavar la democracia. Las personas votantes enfrentan ataques no vistos desde hace medio siglo, provenientes de la Corte Suprema, el presidente y los estados.
La Corte Suprema de EE. UU. ha desmantelado efectivamente la Ley de Derecho al Voto. La sentencia en la causa Shelby County v. Holder, en 2013, eliminó una parte fundamental de la ley que ayudó a bloquear políticas y prácticas electorales discriminatorias. En 2021, Brnovich v. DNC hizo prácticamente imposible demandar ante la justicia dichas prácticas.
Desde entonces, la brecha de la participación entre votantes blancos y no blancos ha crecido rápidamente. Las legislaturas en más de la mitad de los estados han aprobado más de cien nuevas leyes restringiendo la votación y suprimiendo el voto.
La causa Louisiana v. Callais, a principios de año, hizo que fuese prácticamente imposible aplicar la prohibición de la Ley de Derecho al Voto contra la discriminación racial en la redistribución de los distritos electorales. Así, la ley quedó convertida en letra muerta.
Al mismo tiempo, la manipulación de los distritos electorales ha empeorado. En 2025, el presidente Trump desató una oleada de manipulación partidista de los distritos electorales que empezó en Texas y pronto se extendió por todo el país. Luego, la sentencia Callais y otros fallos de la corte legitimaron la discriminación racial y condujeron a la eliminación de los distritos con mayorías de raza negra en todo el Sur.
Ambos partidos se encuentran ahora inmersos en un espiral de represalias con el visto bueno de la Corte Suprema. Estas guerras en el rediseño de los distritos electorales probablemente continuarán año tras año. Este nuevo statu quo limitará aún más la influencia de los votantes en las políticas públicas, anulará la competencia y agudizará la polarización en el Congreso.
Mientras tanto, actores malintencionados ––incluidos gobiernos extranjeros–– amenazan con comprometer la integridad de las elecciones. Agentes extranjeros intentaron activamente influir en las últimas elecciones en los Estados Unidos. En 2016, por ejemplo, agencias de inteligencia rusa hackearon la infraestructura de las juntas electorales (aunque no lograron acceder a los sistemas de la tabulación de votos). Es posible que enemigos extranjeros vuelvan a intentarlo este año.
Y ahora, por primera vez, el propio gobierno federal está trabajando para socavar la confianza en las elecciones. La administración Trump ha intentado reescribir las normas electorales para imponerle trabas a las personas votantes y usurpar el control de los sistemas electorales.
Circulan en línea acusaciones de fraude infundadas, ahora con el respaldo de la Casa Blanca. Estas mentiras llevan a los estadounidenses a cuestionar la integridad electoral y sirven de pretexto a políticos cínicos que buscan sacar provecho de las políticas restrictivas en materia de voto. Desde 2020, los estados han aprobado más de 100 leyes que dificultan el ejercicio del voto.
El Congreso debe actuar. Puede responder al razonamiento jurídico basado en las premisas falsas de la Corte Suprema. Puede prevenir la manipulación de los distritos electorales a nivel nacional, tanto en los estados “rojos” como en los “azules”. Puede construir un sistema electoral moderno y participativo para un país cambiante y diverso.
Según la cláusula de elecciones de la Constitución, tanto los estados como el Congreso establecen las normas electorales. Los estados las administran. Los presidentes no juegan papel alguno en administrar las elecciones ni en formular las normas que las rigen.
Sin embargo, en repetidas ocasiones se ha comprobado que las leyes nacionales son necesarias para garantizar que los gobiernos estatales y municipales (y ahora el gobierno federal también) no vulneren los derechos de su propio pueblo. También han sido necesarias para reforzar la igualdad de oportunidades para la participación política en todo el país.
Reiteradamente el Congreso ha utilizado ese poder constitucional para aprobar leyes de alcance nacional. La Ley Nacional de Registro del Votante, promulgada en 1993, obligó a los gobiernos a ampliar las maneras en las que las personas pueden inscribirse para votar.
La Ley Ayude a Estados Unidos a Votar de 2002 financió nuevas tecnologías de votación tras el recuento electoral en Florida en el año 2000. La Ley de Reforma al Conteo Electoral de 2022 aclaró y fortaleció los procedimientos para certificar el ganador de las elecciones presidenciales. Y el Congreso está muy cerca de aprobar dos proyectos de ley que hubieran evitado muchos de los problemas actuales relacionados con la votación.
Elementos de la Ley de Libertad para Votar y la Ley para Promover el Derecho al Voto de John R. Lewis están incorporados como soluciones aquí. Además, algunas políticas, ya funcionan con éxito en varios estados. Estos éxitos deberían extenderse a nivel nacional.
Las soluciones que se exponen a continuación no pretenden ser exhaustivas. Seguiremos impulsando reformas más allá de las aquí mencionadas. No obstante, su consecución haría que el voto fuera más justo y accesible para la ciudadanía, además de mitigar los daños causados por los estados, el poder ejecutivo y la Corte Suprema.