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Daryl Solomon/Getty
Análisis

El pueblo estadounidense quiere una solución para el problema de la corrupción

¿La clase política responderá finalmente?

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Daryl Solomon/Getty
abril 21, 2026

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  • Una lucha contra la corrupción puede unificarnos.
  • Cuando aparezcan los candidatos, debemos preguntarles no solo qué van a denunciar, sino qué van a hacer al respecto.

Las sorpresas electorales pueden revolver las expectativas políticas. Esta vez, podría ser una sorpresa ocurrida al otro lado del planeta. En Hungría, Péter Magyar logró una victoria arrasadora contra el autócrata Viktor Orbán en torno al problema de la corrupción. Después de ganar las elecciones, prometió que Hungría ya no sería “un país sin consecuencias”.

Como si se hubieran despertado de un sobresalto, los medios de comunicación y muchos políticos de nuestro país de repente están hablando del problema de la corrupción.

El otro día, la organización de noticias The New Republic se burló de esta forma: “En todo el mundo noticioso, una élite mediática ha analizado las elecciones y ha realizado lo que es —por lo menos, para ellos— un nuevo descubrimiento: ¿y si la corrupción es un problema grave? ¿Y si hacer campaña en contra de la corrupción es un tema que gana elecciones?”.

El pueblo estadounidense ya lo sabe. Por ejemplo, una encuesta realizada por YouGov en enero reveló que una “gran proporción tanto de republicanos como demócratas cree que su partido no se concentra lo suficiente en el tema de la corrupción”. De hecho, partidarios tanto demócratas como republicanos creen que la corrupción es el tema ignorado más importante.

Mi reacción cuando leí esto fue: ¡claro que sí! El electorado tiene los pies sobre la tierra. Y, además, ¿cómo saben siquiera de nuestro creciente problema de corrupción? Hace mucho que los periódicos ya no compiten entre sí para exponer comportamientos oficiales indebidos.

Créanme, nada de lo que pasa hoy en el actual panorama fragmentado de noticias se parece a los escándalos del pasado divulgados por hordas de tenaces periodistas de investigación y elocuentes corresponsales de TV.

Los periodistas de hoy se alborotan por los totales recaudados por candidatos políticos sin mencionar, por ejemplo, que un solo supercomité de acción política (súper-PAC, por su sigla en inglés) financiado por el sector de la inteligencia artificial (IA) ya ha recaudado $75 millones para las elecciones al Congreso.

Incluso, esa suma se queda corta en comparación con los $171 millones recaudados hasta el momento por un solo súper-PAC vinculado al sector de las criptomonedas. Todos estos gastos serán considerados “independientes” y la gran mayoría no será divulgada por completo. Sin embargo, con este nivel de financiación, en la práctica estos sectores estarían comprando al Congreso.

Luego tenemos la orgía del enriquecimiento personal. Olvidémonos del nuevo salón de baile planeado para la Casa Blanca o las manijas doradas de las puertas en la Oficina Oval. Según Forbes, el presidente Trump y su familia más cercana aumentaron su patrimonio neto en $3 mil millones de dólares en el transcurso de un año, aprovechándose del poder político del que gozan. Otros análisis calculan que el aumento anual fue de $1,400 millones.

Sus opositores políticos han comenzado a alzar la voz. Pero no basta con repudiar la corrupción. Hastiado, el electorado cree que “todos hacen lo mismo”. De hecho, el grupo End Citizens United publicó una encuesta en 2025 que indicaba que la ciudadanía creía que los demócratas eran más corruptos que los republicanos.

Algunos demócratas en la Cámara de Representantes anunciaron la creación de un grupo de trabajo para elaborar una agenda anticorrupción. El representante Joe Morelle de Nueva York lidera la iniciativa. Cuando hablé con Morelle hace algunos meses, prometió: “Esta será la reforma de gobierno más significativa desde el escándalo Watergate”.

Esa es una meta bien alta. El escándalo Watergate hizo posible la aprobación de las leyes que pusieron freno a los abusos presidenciales y limpiaron la política. Un sistema de financiación pública intentó colocar un freno a las grandes donaciones en las campañas electorales para presidente.

La Ley sobre el Inspector General (Inspector General Act) de 1978 estableció organismos de control en las principales agencias federales. La Ley para el Control de Embargo de Fondos (Budget and Impoundment Control Act) tenía como objetivo asegurarse de que el Congreso, no el presidente, retuviera el poder de controlar la cartera federal. La Ley de Poderes de Guerra (War Powers Act) intentó restringir la facultad del ejecutivo de lanzar una guerra.

Al escándalo le sigue la reforma. No siempre, pero allí es donde ocurre. ¿Cómo sería una agenda de reformas hoy en día?

En enero, el Brennan Center publicó Nueve soluciones para enfrentar la corrupción políticaRecomendamos prohibir los “fondos anónimos de financiación” de las campañas políticas que no se divulgan; prohibir las donaciones de campaña provenientes de los principales contratistas del gobierno; crear un sistema de financiación pública mediante pequeñas donaciones para las elecciones congresuales; y enmendar la Constitución para anular los calamitosos dictámenes de la Corte Suprema en casos como el de Citizens United.

En cuanto a la corrupción y la estafa, las reglas éticas federales, por fin, deben aplicarse al presidente. La Constitución debe enmendarse para quitarle al presidente el poder unilateral de emitir indultos corruptos.

Y también recomendamos algo que podría ser una grata sorpresa: prohibir de veras la compra y venta de acciones por parte de los miembros del Congreso, una práctica que ha generado enormes ganancias sospechosas a favor tanto de los congresistas demócratas como republicanos.

Una respuesta a modo de reformas no puede limitarse al castigo de los corruptos. Se debe prohibir la manipulación partidista de los distritos electorales a nivel nacional. Se deben implementar límites en el período de mandato de los magistrados de la Corte Suprema. Se debe poner freno a los abusos de los poderes del ejecutivo. Iremos publicando más con respecto a todos estos temas y otros en nuestra próxima serie de Soluciones.

Una lucha contra la corrupción puede unificarnos. Unifica al electorado de la izquierda y la derecha, así como también a aquellos cansados votantes del centro que están hartos de la política que nunca parece dar resultados.

Hay que dejar en claro que el electorado no le dará a ninguno de los dos partidos el beneficio de la duda. La ciudadanía ve el problema cuando hay políticos repudiando la corrupción... en anuncios pagados por los súper-PAC secretos respaldados por el sector de las criptomonedas. La única forma de acabar con este cinismo es actuar y poner de relieve la relación que hay entre una política fallida y un gobierno que parece trabajar solo para los que más tienen.

Queda por verse qué tanta preponderancia tomará este tema en 2026. Los candidatos podrían creer que lo único que tienen que hacer es quedarse ahí, mientras los actos de corrupción de sus oponentes repelan el voto de la gente.

Pero lo que realmente va a importar es si los políticos se comprometen no solo a hacer pequeños retoques aquí y allá, sino a implementar una reforma sistemática para acabar con la cultura de no rendir cuentas, que ha dejado a tantos votantes descontentos durante tanto tiempo.

Mientras tanto, las personas votantes ahora tienen la tarea más difícil. No basta con quejarnos pasivamente. Cuando aparezcan los candidatos, debemos preguntarles no solo qué van a denunciar, sino qué van a hacer al respecto.

Si lo hacemos, nosotros también podemos asegurarnos de que Estados Unidos deje de ser “un país sin consecuencias”.

Traducción de Ana Lis Salotti