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Capitol Building illustration with money in background
Douglas Rissing/Getty
Análisis

El tema de las elecciones de medio término que nadie puede ignorar

Los candidatos dicen que le pondrán un freno a la corrupción, pero ¿tienen planes realmente concretos?

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Douglas Rissing/Getty
octubre 6, 2026

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  • La pregunta para quienes ganen es qué harán para ponerle un freno a la corrupción.
  • Los próximos dos años podrían generar un debate público aún más intenso sobre cómo transformar la democracia en los Estados Unidos y renovar el gobierno.

Uno de los eslóganes más potentes en nuestras elecciones de medio término fue creado por los republicanos en 1946: “¿YA ESTÁS HARTO?”. El partido republicano arrasó en esas elecciones y llegó al poder después de años de dominio del New Deal.

Nos gusta decir que lo que importa no es contra lo que luchas, sino lo que defiendes. Pero no siempre. A veces, un “¿ya estás harto?” es suficiente.

Por lo general, las elecciones de medio término manifiestan una protesta contra el gobierno de turno que ocupa la Casa Blanca. En ciencias políticas, a este tipo de elecciones se le llama elecciones de termostato. El electorado ajusta la temperatura bajando su apoyo por quienes percibe como culpables.

Pero, a veces, los candidatos tienen una agenda en mente, detallada o implícita. Esos son los años en los que surgen los cambios más profundos.

En 1974, llegó toda una generación de políticos llamada “los bebés de Watergate” para limpiar la política y sacudir a un partido demócrata demasiado rígido. La mayoría fueron demócratas de distritos suburbanos que cambiaron el foco de su partido, lo alejaron de los temas económicos característicos del New Deal y lo acercaron más a cuestiones centradas en la transparencia y el buen gobierno.

George Miller, congresista electo ese año proveniente de California, afirmó: “Éramos el ejército de la conquista. Veníamos a tomar la Bastilla. Destruimos la institución cuando encendimos la luz”.

En 1994, el partido republicano liderado por Newt Gingrich ganó la mayoría de la Cámara de Representantes por primera vez después de 40 años. En la escalinata del Capitolio, más de 300 candidatos firmaron un “Contrato con Estados Unidos”, en lo que fue la promesa de presentar 10 medidas para su votación en el recinto, entre ellas, una enmienda constitucional para instituir límites en el período de mandato de los congresistas, durante los primeros 100 días de gobierno.

En 2018, en las elecciones de medio término durante la primera presidencia de Donald Trump, docenas de demócratas ganaron con la promesa de luchar contra la corrupción, impulsada por el grupo End Citizens United.

Los escándalos de apenas una década pasada, hoy, parecen arcaicos. En ese momento, nos preocupaba que Trump pudiera beneficiarse de los huéspedes que hospedaba en su hotel cerca de la Casa Blanca. Ahora, Trump lucra descaradamente y ha aumentado su patrimonio neto en por lo menos $2,000 millones.

La última noticia escandalosa sobre este tema sugirió que el presidente ruso Vladimir Putin les ofrecía concesiones de petróleo favorables a los inversores que hayan donado al supercomité de acción política (súper-PAC) de Trump o que tengan vínculos financieros con su yerno Jared Kushner, como parte de un intento por cerrar un acuerdo sobre Ucrania. 

Hoy, los demócratas están haciendo campaña bajo el eslogan de la accesibilidad. Los exorbitantes precios de una hamburguesa y del combustible hablan por sí solos. Pero no queda claro qué va a hacer el partido para bajar los precios si ganan.

La corrupción es otro de los grandes temas de campaña. En este aspecto, los de afuera han empezado a decir lo que harían si se convierten en los de adentro.

El grupo End Citizens United otra vez ha comprometido a varios candidatos a cumplir con la promesa de “enderezar a Washington”. Hay candidatos que han prometido prohibir la compraventa de acciones por parte de congresistas, rechazar las contribuciones de dinero de los súper-PAC y “poner fin a las donaciones anónimas que financian” la política. Estas son plataformas potentes, aunque podrían no producir ningún resultado, tal como pasó con el manifiesto de Gingrich.

Algunos de los candidatos más conocidos han enarbolado banderas similares. Abdul El-Sayed, que busca ganar un escaño en el Senado en Míchigan, urge “sacar el dinero de la política”. James Talarico, que está haciendo una campaña sorpresivamente buena para el Senado en Texas, arremete contra los “megadonantes multimillonarios y los políticos títere” en un “sistema corrupto”. Jon Ossoff, actual senador de Georgia que busca la reelección, se ha hecho viral gracias a sus apasionados discursos de campaña, en los que denuncia la corrupción del poder ejecutivo.

Una encuesta realizada por el Brennan a comienzos de este año demostró una profunda repulsión contra la corrupción que no veíamos desde hace tiempo. La encuesta también indicó que el electorado les echa la culpa tanto a los demócratas como a los republicanos.

Los candidatos del partido republicano también perciben este ánimo. Se están concentrando no tanto en el dinero en la política, sino más bien en el fraude dentro del gobierno. En Minnesota, que el año pasado fue sacudido por alegaciones de fraude en el marco de Medicaid, la presidenta de la Cámara de Representantes estatal, Lisa Demuth, que ahora se presenta para gobernadora del estado, declaró que “los casos de fraude explotan aquí en Minnesota”.

Bobby Charles, candidato a gobernador de Maine, prometió investigar los presuntos casos de fraude en el sistema estatal de Medicaid. La preocupación del público sobre los derroches del gobierno, siempre latente, podría convertirse en una plataforma política poderosa, si los candidatos encuentran la forma de distanciarse de la actual administración.

Hay otro tema que se oye en las campañas electorales y refleja la preocupación del electorado por las instituciones que no están en sintonía con sus intereses: la reforma de la Corte Suprema. Josh Turek, candidato al Senado en Iowa, se ha sumado al llamado a la acción de Talarico y otros.

El representante Jamie Raskin (MD-D) y el senador Sheldon Whitehouse (D-RI), que liderarían el Comité Judicial en sus respectivas cámaras si gana su partido, hace poco hicieron vibrar a la multitud que había venido a apoyar a Turek en el acto político demócrata conocido como “Polk County Steak Fry”, cuando abogaron por implementar límites en el período de mandato de los magistrados.

En este momento, son los demócratas los que exigen esta reforma. En el pasado, Marco Rubio y Ted Cruz han apoyado estos límites en el mandato de los magistrados. ¿Podrían hacerlo de nuevo? Varias encuestas sugieren un amplio y fuerte apoyo público, como una encuesta de Fox News que reveló una aprobación del 78 por ciento.

Tal como escribí la semana pasada, debido al retiro inminente de varios representantes y algunas derrotas durante las elecciones primarias en ciertos distritos asegurados, sabemos que, en unas semanas, se elegirán al menos 83 miembros nuevos para la Cámara de Representantes, y, claro, podrían ser muchos más según los posibles cambios de control de un partido al otro. Estas elecciones ya están reflejando una ola de recambio para los dos partidos.

¿Qué pasará de aquí en adelante? Desde que la ciudadanía dejó de atender el teléfono de su casa, las encuestas han tenido dificultades. En algunas elecciones, las encuestas subestiman la base populista de Trump (aunque no parece así en los años donde Trump no se presenta como candidato).

Pero, a veces ocurre que a un partido político se le derrumba el piso. Este podría ser un año en el que un “¿Ya estás harto?” resulta suficiente.

La pregunta para quienes ganen es qué harán para ponerle un freno a la corrupción. Si no, estaremos condenados a tener una elección tras otra donde los partidos se atacarán mutuamente con enojos populistas, alternándose en el poder sin que nada cambie realmente.

Y los candidatos a presidente que muy pronto comenzarán a recorrer el país deben hacer aún más para poner de relieve estos temas y dejar en claro qué harán para cambiar la política.

Los próximos dos años podrían generar un debate público aún más intenso sobre cómo transformar la democracia en los Estados Unidos y renovar el gobierno. Tan pronto como se cierren los comicios, comienza ese debate.

Traducción de Ana Lis Salotti