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Illustration of money, ballots, the Capitol
Credit: Lincoln Agnew
Análisis

Los grandes capitales baten récords e impulsan al Partido Republicano: 5 cosas que debes saber sobre las elecciones de medio término

Desde un gasto sin precedentes a la indignación pública por la corrupción, aquí te explicamos cómo los grandes capitales están marcando el rumbo de las elecciones de 2026.

Illustration of money, ballots, the Capitol
Credit: Lincoln Agnew
octubre 13, 2026

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Este ciclo electoral de medio término ha registrado los aportes individuales más grandes en la historia moderna.

Al mismo tiempo, la indignación ciudadana ante la influencia del dinero está llegando a un punto crítico.

A medida que las elecciones de 2026 entran en su recta final, el gasto de los súper-PAC y de los fondos de financiación anónimos (dark money) están rompiendo récords con cientos de millones de dólares provenientes de grandes donantes vinculados a la inteligencia artificial, las criptomonedas, el sector financiero y otras industrias que buscan influir en las políticas de gobierno.

Este ciclo electoral de medio término ha registrado los aportes individuales más grandes en la historia moderna. Según informes, Elon Musk ha gastado por lo menos $366 millones para elegir a candidatos republicanos.

Más que en cualquier otro ciclo electoral de medio término desde el fallo Citizens United de 2010, los grandes donantes se están inclinando hacia un solo partido: el Partido Republicano. Los republicanos también tienen una amplia ventaja, hasta ahora, en el gasto realizados por los partidos nacionales, los cuales ––gracias a sentencias de la Corte Suprema–– cuentan con mucha más libertad este año para gastar fondos en estrecha colaboración con los candidatos.

Todo esto ocurre prácticamente sin supervisión regulatoria, ya que la Comisión Federal de Elecciones lleva más de un año sin contar con el quórum necesario. Al mismo tiempo, la indignación ciudadana ante la influencia del dinero está llegando a un punto crítico, llevando a ambos partidos a hacer campaña con promesas de combatir la corrupción si ganan.

A continuación, cinco cosas que debes saber sobre cómo el dinero está moldeando este ciclo electoral sin precedentes.

Los súper-PAC financiados por los megadonantes y los fondos anónimos están batiendo récords.

El gasto independiente realizado por los súper-PAC y otros grupos alcanzaron un nuevo récord de $2 mil millones para finales de septiembre, un aumento del 51 por ciento respecto al último ciclo de elecciones de medio término, tras realizar ajustes por la inflación. Los súper-PAC dependen casi exclusivamente de las donaciones de cientos de miles de dólares, o más, provenientes de un puñado de megadonantes.

Se supone que estos grupos operan independientemente de los candidatos, pero esa separación es cada vez más una ficción jurídica, ya que los candidatos y los grupos externos ahora y a menudo trabajan a la par. En uno de los ejemplos más descarados, el presidente Trump en repetidas ocasiones se refirió a los cientos de millones que recaudó su súper-PAC, MAGA Inc., como “su” dinero y no ocultó en absoluto que él lo controla.

¿Quién está aportando todo este dinero? Los mayores donantes de los súper-PACs generan su riqueza del sector tecnológico, financiero y de los juegos de azar. Elon Musk, el hombre más rico del mundo y CEO de SpaceX y Tesla, ya aportó por lo menos $366 millones para ayudar al Partido Republicano en lo que va del ciclo electoral, según información que el equipo de Musk facilitó al diario The New York Times.

Esa cifra rompe el récord del propio Musk como el mayor donante de la historia (los $290 millones que aportó en 2024), además del anterior récord para unas elecciones de medio término ($179 millones que aportó el financiero George Soros en 2022).

Según datos de la Comisión Federal de Elecciones (FEC, por sus siglas en inglés) sobre las donaciones aportadas hasta junio, entre los otros principales donantes figuran los inversores de capital de riesgo Marc Andreessen y Ben Horowitz ––quienes invierten en empresas emergentes de inteligencia artificial, criptomonedas, defensa, videojuegos y sectores similares–– con $115 millones aportados para impulsar a los republicanos.

El financiero George Soros y su familia han donado $103 millones para respaldar a los demócratas. Les siguen muy de cerca Jeff Yass, magnate de los fondos de cobertura e inversionista de TikTok; luego Richard y Elizabeth Uihlein, magnates del sector de materiales de embalaje (quienes anteriormente apoyaron el movimiento de negacionistas electorales); y Miriam Adelson, propietaria de casinos. Todos ellos apoyaron a los republicanos.

Una cantidad significativa de este gasto inicial de los súper-PAC se ha destinado a influir en las contiendas primarias internas de los partidos. Por ejemplo, dos compañías líderes en inteligencia artificial, OpenAI y Anthropic, han canalizado más de $55 millones hacia las contiendas primarias ––para escaños donde es poco probable el partido cambie–– para apoyar a los candidatos alineados con las agendas de cada empresa.

Los fondos de financiación anónimos ––gastos asociados a grupos que deciden no revelar la identidad de sus donantes–– también están proyectados para batir récords, con más de $1,000 millones ya inyectados en las elecciones de 2026, según The New York Times. Gran parte de este dinero se canaliza a través de súper-PAC, incluidos aquellos que mantienen estrechos lazos con líderes de elección popular.

Por ejemplo, a finales de junio, los súper-PAC vinculados a los presidentes de la Cámara de Representantes y el Senado de ambos partidos recaudaron $198 millones a través de sus fondos de financiación anónimos afiliados, más que en cualquier momento en la historia.

Con certeza, estas cifras no son el panorama completo. Cada vez más, los súper-PAC y otros buscan influenciar al electorado mediante gastos en línea, los cuales, a menudo, no están sujetos a las normas de transparencia de las campañas.

Por ejemplo, informes mediáticos sugieren que grupos están gastando sumas considerables de dinero en pagar a influencers o creadores de contenido. Estos pagos son fáciles de esconder en los informes de las finanzas de la campaña y los propios influencers no están obligados a divulgar quién les paga.

Los grandes donantes favorecen claramente a los republicanos.

Ahora más que nunca desde el fallo de Citizens United, quienes más gastan ––que dependen en gran medida de la financiación de los megadonantes–– prefieren claramente a los republicanos. Entre los 20 grupos principales que más fondos han gastado, que representan la mitad de los gastos independientes de este ciclo electoral, el gasto reportado por los republicanos es más del doble que el de los demócratas. En 2014, los partidos casi empataron en el gasto realizado por esos grupos principales, pero, desde entonces, la ventaja republicana no ha dejado de crecer.

Parte de la ventaja de los republicanos proviene de los grupos afiliados a Trump. Nunca antes un súper-PAC vinculado al presidente había sido uno de los principales protagonistas en unas elecciones de medio término. En las últimas semanas, MAGA Inc. y No Going Back Inc. (otro grupo que, según informes, está controlado por Trump) han gastado más de $150 millones para ayudar a los republicanos en el Congreso. 

Aún está por verse cuál será el impacto de todo este gasto. The Washington Post informó recientemente que la oleada de gasto republicano de $500 millones desde el verano no parece haber alterado los resultados de las encuestas. No obstante, ya que la actividad de los súper-PAC se concentra típicamente en las últimas semanas de campaña, su impacto aún es incierto.

El Partido Republicano se está beneficiando de un gran cambio en los límites de gasto de los partidos políticos.

Desde el fallo de Citizens United, los comités de los partidos del Congreso han realizado importantes gastos independientes, superando los $100 millones por ciclo. Inicialmente, los demócratas superaban por mucho a los republicanos en esta categoría, aunque los partidos gastaron cifras iguales en 2022. Este año, debido a cambios legales, los partidos ya no realizan ningún gasto independiente. En vez, han optado por coordinar sus gastos directamente con sus candidatos, y el cambio ha favorecido, hasta ahora, exclusivamente a los republicanos.

Este cambio tiene su origen en una decisión de junio de la Corte Suprema. La sentencia de la causa National Republican Senatorial Committee v. FEC anuló los límites sobre las cantidades que los partidos podían gastar en coordinación con sus candidatos. Ahora, los candidatos que compiten en contiendas reñidas pueden subcontratar gran parte de su campaña a los partidos nacionales, los cuales pueden recibir donaciones muy superiores a lo que podría recibir un candidato individual.

Gracias a otro fallo de la Corte Suprema, estas iniciativas partidistas se benefician de las mismas tarifas publicitarias para los candidatos establecidas por la Comisión Federal de Comunicaciones, las cuales son mucho más favorables (y de las que los súper-PAC quedan excluidos).

Los republicanos del Senado se están aprovechando de estos cambios de manera contundente: para finales de agosto, gastaron $48 millones en coordinación con sus candidatos. Este monto representa la mayor parte de los $63 millones en gastos coordinados realizados por todos los comités del Congreso durante este ciclo. De hecho, el gasto del Comité Nacional Republicano del Senado, por sí solo, triplicó el gasto total de los cuatro comités juntos para finales de agosto de 2022.

Curiosamente, el aumento en el gasto de los partidos hasta ahora no ha reducido su dependencia en los súper-PAC afiliados, los cuales, de hecho, han acelerado su propio ritmo de gasto. Estos grupos, cada uno vinculado a los líderes demócratas o republicanos de la Cámara o del Senado, desde 2014, han multiplicado su gasto por un factor de 10.

En conjunto, gastaron $494 millones hasta septiembre. La mayor parte de esta suma ($280 millones) provino de dos grupos con vínculos a los republicanos del Senado ––el Senate Leadership Fund PAC (conocido como SLF PAC) y Texas PAC. Esa cifra supera los gastos independientes que SLF PAC realizó durante todo el ciclo electoral de 2022.

La FEC no está supervisando estas actividades.

A pesar de que el gasto se ha disparado, la agencia a cargo de hacer cumplir las leyes de financiación de las campañas políticas está prácticamente ausente. Durante gran parte de este ciclo electoral, la Comisión Federal de Elecciones no ha contado con el quórum necesario, lo que le impide llevar a cabo investigaciones, imponer sanciones o establecer nuevas normativas.

Actualmente, sólo dos de los seis escaños en la comisión están ocupados. La mayoría de las vacantes surgieron cuando los comisionados salieron al finalizar su periodo de mandato, y el presidente nunca nominó a sus reemplazos. Una vacante se produjo cuando Trump destituyó sin previo aviso a un comisionado demócrata, lo que avivó el temor de que el presidente politizaría a la agencia y la convertiría en una herramienta de la política partidista.

El gran capital es un tema central de las campañas.

El gasto masivo no sólo está influyendo en las elecciones de mitad de término. También se está convirtiendo en un tema central de las campañas. Las encuestan revelan que los  estadounidenses están furiosas por la corrupción. Nueve de cada diez votantes afirman que el hecho de que el gobierno esté priorizando los intereses de los multimillonarios y las grandes corporaciones es una forma de corrupción. Además, las mayorías en ambos partidos culpan a las donaciones a las campañas. Considerando que los intereses de sectores tecnológicos, como la inteligencia artificial y las criptomonedas, y Elon Musk compiten en el gasto con los grupos afiliados a los partidos políticos, el electorado tiene razón al preocuparse de que los intereses comerciales de los ricos están intentando comprar políticas públicas que les favorezcan.

Los candidatos de ambos partidos han intentado capitalizar esas preocupaciones en sus mensajes. Los principales candidatos demócratas al Senado hicieron un llamado para eliminar el dinero de la política y limitar la influencia de los grandes donantes multimillonarios. Por su parte, los candidatos republicanos también han atacado a los demócratas por recibir fondos de grupos de intereses especiales.

La publicidad electoral de ambos partidos también aborda la corrupción de forma más general, acusando a sus oponentes de lucrarse de su cargo público, ya sea mediante sus empresas o las transacciones bursátiles, o de irse de viaje con dinero de grupos de interés especial. Con ambos partidos fuertemente haciendo campaña en contra de la corrupción este año, la gran pregunta después de las elecciones será si esta retórica de campaña se traducirá en medidas concretas.

El papel del dinero en las elecciones también se está sometiendo directamente a votación popular en varios estados. En agosto, más del 70 por ciento de los residentes de Alaska votó a favor de una medida que restablecería los límites a los aportes de campaña en el estado, después de que los tribunales anularan una ley anterior.

Este otoño, el electorado en Michigan votará una iniciativa para prohibir a los contratistas de las empresas de servicios públicos y del estado hacer contribuciones a las campañas. La ciudadanía en Montana votará sobre si revoca el derecho de las corporaciones que operan en el estado a gastar dinero en las elecciones, y California decidirá si permite al estado y a los gobiernos locales establecer sus propios programas de financiamiento público de las campañas.

Traducción de Laura Gómez