Skip Navigation
Rikers Island
Spencer Platt/Getty
Análisis

Lo que debería hacer ahora el administrador judicial de Rikers

Seguir los exitosos ejemplos de algunas cárceles y prisiones de otros estados.

junio 9, 2026
Rikers Island
Spencer Platt/Getty
junio 9, 2026

Suscríbete aquí al boletín informativo del Brennan Center en español

Este artículo se publicó originalmente en Vital City

  • Hay estados que están implementando prácticas innovadoras en varias prisiones para hacer que la vida en la cárcel sea más segura y humana para quienes viven y trabajan allí.
  • La experiencia de esos estados puede brindar un modelo a seguir muy útil para la Ciudad de Nueva York.

Hace un año, la jueza federal Laura Swain decidió que las condiciones de las cárceles de la Ciudad de Nueva York habían sido tan precarias durante tanto tiempo que la ciudad tenía que conceder el control de su propio sistema carcelario. Nicholas Deml es el administrador judicial que nombró la jueza Swain para trabajar junto a la dirección de las cárceles y ayudar a cambiar la situación.

En julio, presentará un informe con las recomendaciones para mejorar las cárceles de la ciudad, entre ellas, la notoria cárcel de Rikers Island, a las partes implicadas en el prolongado litigio sobre este asunto. El informe final se presentará ante el tribunal en julio y se pondrá a disposición del público.

Para reducir la violencia y mejorar las condiciones, Deml debería considerar algunos de los casos de éxito que tenemos en el país y que mis colegas del Brennan Center for Justice y yo describimos en nuestro nuevo informe de investigación.

Allí señalamos que hay estados que están implementando prácticas innovadoras en varias prisiones para hacer que la vida en la cárcel sea más segura y humana para quienes viven y trabajan allí. La experiencia de esos estados puede brindar un modelo a seguir muy útil para la Ciudad de Nueva York.

Nuestro estudio se centra en las prisiones de estados tan diferentes como Connecticut, Maine, Míchigan, Dakota del Norte y Carolina del Sur. Es verdad que no todas las prisiones y cárceles son iguales, pero sí comparten muchos de los mismos problemas: el daño que ocasiona el aislamiento social y físico, y la constante amenaza de violencia.

La mayoría de las cárceles son instituciones locales. Allí viven las personas arrestadas, las que esperan su juicio y las que cumplen sentencias por delitos leves, mayormente con penas de menos de un año. Por lo general, las cárceles no implementan casi ningún programa, porque se supone que su población reside allí por un período corto de tiempo.

Por otro lado, en las prisiones, viven personas que fueron sentenciadas a penas mayores de un año y suelen tener mejores oportunidades educativas y programas para sus residentes, como clases de crianza de los hijos, instrucción educativa y ayuda en materia de salud conductual.

Los problemas que azotan las cárceles de la Ciudad de Nueva York, tanto para su personal como para las personas encarceladas, están profundamente arraigados y bien documentados. Las personas que han pasado tiempo en la cárcel de Rikers Island han señalado que el personal los trata como si “no fueran seres humanos”. Esa crueldad se manifiesta de diversas formas: desde un uso de la fuerza excesivo e innecesario hasta pésimas condiciones, como alimentos no aptos para el consumo, la falta de agua potable, inodoros averiados y más.

Las dificultades en la contratación de personal dentro del Departamento de Correcciones de la Ciudad de Nueva York tampoco ayudan. Personas que han trabajado en Rikers Island han dicho que la escasez de personal hace que su trabajo sea aún más peligroso.

Si bien la cárcel de Rikers Island siempre ha tenido una de las proporciones más altas de personal por población detenida, desde el comienzo de la pandemia más de 4,000 oficiales correccionales dejaron sus puestos en todo el departamento. Y eso ha ocurrido a pesar de que, más o menos en el mismo período, se registró un aumento del 70 por ciento en la cantidad de personas encarceladas dentro del sistema carcelario.

La actual cultura operativa y la violencia generalizada que se observa en Rikers Island y en las demás cárceles de la Ciudad de Nueva York —con habituales actos de violencia cometidos por el personal contra las personas detenidas y una falta de medidas disciplinarias en torno al uso de la fuerza— son perjudiciales para todos los afectados.

Deml y su equipo trabajarán con un grupo de expertos para reducir la violencia y mejorar las condiciones, entre ellos, Stanley Richards, nombrado hace poco como comisionado del Departamento de Correcciones (DOC, por su sigla en inglés), y todo su departamento, la Comisión Independiente de Rikers, la Junta de Correcciones, la Comisión de Correcciones del Estado de Nueva York, la Oficina de Administración y Presupuesto de la Alcaldía, varias organizaciones sin fines de lucro, grupos de defensa de derechos y otros expertos.

Los estudios de los casos que presentamos en nuestro informe demuestran que, para que haya un cambio en la cultura carcelaria, se debe mejorar la forma en la que el personal correccional interactúa con las personas encarceladas. Las reformas que recomiende Deml deberían centrarse en el objetivo de humanizar esas interacciones y asegurarse de que la vida en la cárcel se parezca lo más posible a la vida en libertad.

El DOC de la Ciudad de Nueva York debería ayudar a transformar el rol del oficial correccional para que se convierta en un modelo motivador a seguir y no en alguien que solo se centra en la seguridad.

Humanizar las interacciones con las personas encarceladas

El personal correccional debe recibir capacitación —y el apoyo de la dirección del departamento— para comprender mejor las necesidades emocionales y psicológicas de las personas que viven en las cárceles. Este tipo de capacitación le ayuda al personal a anticipar y prevenir mejor los riesgos de seguridad, en vez de solo responder a un incidente después de ocurrido. Este enfoque se conoce con el nombre de “seguridad dinámica”, y varias jurisdicciones de todo el país ya lo están adoptando.

Mientras estudiábamos los cambios de cultura en el seno de los correccionales, dedicamos cierto tiempo a seguirle los pasos a una organización llamada Amend, de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Francisco. Amend es una de las muchas organizaciones que trabajan con los departamentos correccionales de todo el país con el objetivo de reducir la violencia en los correccionales y fomentar el enfoque de seguridad dinámica.

Amend sabe que las malas condiciones laborales del personal, la falta de inversión en oportunidades educativas y de capacitación, y las políticas y los procedimientos que perpetúan el estrés y el trauma en el personal correccional pueden obstaculizar la mejora de las condiciones para las personas encarceladas. Las cárceles de la Ciudad de Nueva York enfrentan estos mismos problemas.

Amend trae a funcionarios correccionales de Noruega, que están capacitados para llevar a cabo prácticas más humanas, para que trabajen junto al personal estadounidense a fin de realizar mejoras en la cultura y en las condiciones de los correccionales en Estados Unidos. Cuando nuestro equipo visitó algunas prisiones en los estados de Dakota del Norte, Washington y Oregón, vimos con nuestros propios ojos una impactante mejora: el personal estadounidense se compromete más con su trabajo, demuestra una mejor moral y siente una mayor sensación de seguridad.

La Ciudad de Nueva York ya conoce Amend. En 2019, una delegación de funcionarios municipales visitó Noruega junto con Amend. Durante un tiempo, parecía que se realizaban ciertos avances e intercambios de ideas. Pero cambios en la dirección del departamento correccional y la crisis de COVID-19 sobresaturaron el sistema carcelario de la ciudad y obstaculizaron esos avances.

Pero ¿cómo funciona? Para ayudar a propiciar cambios en la cultura de los correccionales, Amend lleva a los directores de los correccionales y a los funcionarios gubernamentales a las prisiones de Noruega. Al personal correccional también les ayuda visitar las prisiones noruegas, porque allí siguen a los oficiales correccionales de Noruega mientras realizan su trabajo, participan en los programas de capacitación organizados por Amend en la academia de entrenamiento de los oficiales correccionales de Noruega y aprenden más sobre las prácticas correccionales innovadoras.

El personal noruego también brinda su perspectiva en tiempo real sobre las interacciones concretas que tiene el personal estadounidense con las personas encarceladas y les recomienda formas más efectivas para propiciar un cambio. La capacitación de Amend ayuda a los oficiales correccionales a redefinir su función como trabajadores de salud pública.

El programa les da a los oficiales todas las herramientas necesarias para apoyar a las personas encarceladas durante su proceso de rehabilitación, fomentar un ambiente más humano y digno, y reducir el trauma, la violencia y el daño en los centros correccionales.

Algunos estados también están implementando prácticas de seguridad dinámica al establecer unidades penitenciarias especializadas para jóvenes de entre 18 y 25 años a través de la iniciativa Restoring Promise del Vera Institute of Justice. El personal de estas unidades recibe entrenamiento para mejorar sus habilidades de escucha, ayuda psicológica y empatía, y aprender tácticas de reducción de la escala de violencia, resolución de conflictos y entrevista motivacional.

En la práctica, esa capacitación se manifiesta en formas simples. Cuando nuestro equipo visitó este tipo de unidades especializadas en Dakota del Norte, vimos cómo el director del Departamento de Correcciones Colby Braun les preguntaba a las personas encarceladas que pasaban por el pasillo cómo les estaba yendo, cómo había ido la visita de un familiar y, a veces, darles la mano. El personal que trabaja en estas unidades también puede, por ejemplo, hacer preguntas para entender por qué un joven encarcelado está enojado, en lugar de darle una infracción disciplinaria de inmediato.

Todos estos gestos parecen pequeños, pero terminan acumulándose y propiciando una relación de apoyo y comunicación basada en la confianza, no en el medio. Por lo general, estas dinámicas no se observan en ninguna de las cárceles de la Ciudad de Nueva York.

El Proyecto de Prisiones Escandinavas es otra iniciativa centrada en la implementación de unidades dentro de los correccionales, que pone en práctica diferentes enfoques internacionales de encarcelación. Un equipo de investigadores de la Universidad de Drexel y la Universidad de Oslo firmaron un acuerdo con el Departamento de Correcciones de Pensilvania para crear una unidad de viviendas experimentales en la Institución Correccional Estatal de Chester, un correccional de mediana seguridad centrado en la reinserción social, ubicado cerca de Filadelfia.

La unidad “Pequeña Escandinavia” se fundó en mayo de 2022 y puede albergar hasta 64 hombres. El nuevo programa de capacitación que recibe el personal de esta unidad incluye cursos sobre el manejo de las crisis, negociación y comunicación, prevención de suicidios y entrevista motivacional. Además, el personal correccional comparte comidas con los residentes de estas unidades.

Estos programas funcionan. El equipo de Oregón que trabaja con Amend en una unidad de salud conductual de alta seguridad informó de una disminución promedio del 73.9 por ciento en el total de agresiones cometidas por las personas encarceladas, ya fuera contra el personal o contra las otras personas encarceladas. Y una evaluación sobre dos unidades de la iniciativa Restoring Promise en Carolina del Sur demostró que los jóvenes de esas unidades eran 73 por ciento menos propensos a ser denunciados por actos violentos, en comparación con un grupo de control en la población general.

También se registró una reducción del 83 por ciento en la probabilidad de terminar en celdas de confinamiento solitario durante el primer año de participación en las unidades de Restoring Promise. Asimismo, un grupo de investigadores del Proyecto de Prisiones Escandinavas realizó una encuesta sobre el ambiente penitenciario, que reveló que en las unidades de la Pequeña Escandinavia hay menos peleas que en otras unidades de la prisión de Chester, menos comportamientos indebidos y un menor uso de las celdas de confinamiento restrictivo como medida disciplinaria.

Reproducir la vida en libertad dentro de las prisiones

Otro principio clave que observamos en múltiples estados y que señalamos en nuestro informe de investigación se centra en la idea de que la vida en las prisiones debería estar organizada de tal modo que se parezca lo más posible a la vida en comunidad. Por ejemplo, las personas encarceladas deberían poder viajar para ir al trabajo o personalizar el espacio donde viven colocando decoraciones y fotos de sus familias. Este enfoque se llama “normalización” y es otra forma en que el personal correccional puede crear condiciones más humanas para las personas encarceladas bajo su cuidado.

Por ejemplo, en la unidad de la Pequeña Escandinavia en Pensilvania, la prisión realizó cambios estructurales en la disposición de la unidad y en las celdas individuales para ayudar a darles una sensación de normalidad. Tienen un espacio comunitario con plantas, sillones, una pecera, una mesa de juegos y equipos de ejercicio físico. Sus residentes también tienen acceso a una lavadora y secadora de ropa, a espacios verdes exteriores y a una cocina totalmente equipada.

Algunos aspectos de la normalización ya se están replicando en ciertos contextos carcelarios. La iniciativa Restoring Promise trabajó con el condado de Middlesex, Massachusetts, para establecer una unidad de viviendas en la cárcel del condado. El proyecto incluyó renovaciones para mejorar el espacio y agregar áreas comunitarias de oración o meditación, junto con una biblioteca o salón de estudio.

El personal de la unidad recalca la importancia de establecer una rutina diaria para sus residentes. El personal también recibe la misma capacitación ya mencionada sobre técnicas de reducción de la escala de violencia, resolución de conflictos y otras habilidades.

Dentro de los primeros 11 meses de operación, la Oficina del Sheriff del condado de Middlesex informó que tan solo el 13 por ciento de los jóvenes que viven en esta nueva unidad recibió una denuncia disciplinaria, comparado con el 33 por ciento de los jóvenes en la población general de la cárcel. Estas prácticas y políticas que generan un ambiente más normalizado pueden preparar mejor a las personas encarceladas para reincorporarse a sus comunidades de un modo más seguro y exitoso.

Conclusión

Claro que los problemas que azotan Rikers Island y las demás cárceles de la Ciudad de Nueva York son muy complejos. No se van a resolver de la noche a la mañana. Para solucionar estos problemas, también se debe reducir la población carcelaria asegurándose de que los casos se muevan por el sistema a una velocidad razonable, estableciendo prácticas de salida en libertad antes del juicio y otros programas alternativos a la encarcelación, con un énfasis en la seguridad pública.

Pero cambiar la cultura penitenciaria y carcelaria es un paso fundamental y es posible lograrlo, tal como lo demuestran los ejemplos en los estados que estudiamos.

Al adoptar un enfoque centrado en los principios de seguridad dinámica y normalización, Deml y Richards pueden ayudar a mejorar las condiciones de quienes viven y trabajan tras las rejas.

Mientras tanto, la Ciudad se está preparando para cerrar la cárcel de Rikers Island, y el personal y la población encarcelada se prepara para mudarse a nuevas cárceles locales en los distintos distritos de la ciudad. El trabajo que Deml y Richards realicen ahora para crear una cultura carcelaria más segura en Rikers no se va a perder, sino que va a trasladarse al personal cuando este pase a las nuevas instalaciones, lo cual aumentará la posibilidad de que los abusos que han ocurrido en Rikers Island no se repitan en otros lados.

Traducción de Ana Lis Salotti