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waving American flag against blue sky
Feverpitched/Getty
Análisis

En honor al espíritu del 76

El derecho al voto siempre ha sido una lucha.

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junio 23, 2026

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  • El pueblo siempre ha tenido que pelear para ampliar el círculo de la democracia, a menudo inspirado por la visión fundadora de la nación.
  • Ahora estamos en un momento en el que los que ocupan el poder otra vez intentan hacer retroceder el derecho al voto.

Esta noche, entrevistaré a mi colega Jesse Wegman para el próximo episodio de mi podcast Briefing. Su nuevo libro, The Lost Founder: James Wilson and the Forgotten Fight for a People’s Constitution (“El fundador perdido: James Wilson y la lucha olvidada por una constitución del pueblo”), es fascinante. Wilson fue uno de los seis hombres que firmaron tanto la Declaración de la Independencia como la Constitución. Muy pocos conocen su nombre.

Wilson tuvo una historia estadounidense notable. En el primer capítulo del libro, Wilson muere, solo, en el cuarto trasero de una taberna, perseguido por sus acreedores. Era el abogado más prestigioso de la nueva nación. También había pasado un tiempo encarcelado... mientras ejercía su cargo como magistrado de la Corte Suprema.

Pero antes de todo eso, Wilson fue el más clarividente de los fundadores en un aspecto fundamental: tal como lo dijo en 1787, “la verdad es que la autoridad suprema, absoluta e incontrolable sigue estando en manos del pueblo”.

El libro The Lost Founder sale en el momento justo. La celebración del aniversario número 250 de nuestro país tiene que ser más que un día de fuegos artificiales, buques imponentes y mirar cómo las algas crecen en el Estanque Reflectante.

Nos recuerda que nuestra historia es una larga lucha por cumplir la promesa de la Declaración de la Independencia. Que la Revolución fue, en verdad, revolucionaria. Y que los problemas que nos consumen hoy en día fueron, desde el principio, centrales para los cambios que impulsó la Revolución.

Desde el comienzo, el derecho al voto necesitó de una lucha para conseguirlo.

En 1776, solo los hombres blancos que tenían posesiones podían votar, un legado de los británicos. Pero enseguida, el tumulto de la revolución cambió esta plácida realidad. En la primavera de ese mismo año, las colonias rechazaron el dominio imperial y comenzaron a redactar sus propias constituciones.

La nueva carta radical de Pensilvania les daba el derecho de votar a todos los hombres, incluso los que no tenían posesiones (y, según algunos historiadores, también a muchos hombres de raza negra). Benjamin Franklin fue el principal autor de este documento.

“Hoy, un hombre posee un asno que vale cincuenta dólares y tiene el derecho a votar; pero, antes de las siguientes elecciones, el asno muere”, dicen que explicó Franklin. “Mientras tanto, ese hombre ha ganado más experiencia, su conocimiento sobre los principios del gobierno y su familiaridad con la humanidad han aumentado y, por lo tanto, está mejor calificado para realizar una mejor selección de los gobernantes, pero el asno está muerto y el hombre ya no puede votar. Entonces, caballeros, les ruego que me informen, ¿sobre quién posee el derecho al voto? ¿Sobre el hombre o el asno?”.

Mientras tanto, John Adams estaba ocupado redactando una constitución para Massachussets. Un legislador lo incitó a hacer lo mismo que Pensilvania, expandir el derecho al voto a todos los hombres. Adams se negó categóricamente. “Surgirán nuevas demandas”, advirtió. “Las mujeres exigirán votar. Los jóvenes de entre 12 y 21 creerán que sus derechos no se atienden como deberían, y todo hombre que no tenga un cuarto de penique exigirá tener la misma voz que el resto en todos los actos de estado. Eso tiende a confundir y destruir todas las distinciones, abatir todos los rangos y bajarlos a un mismo nivel común”. Se quejó: “No tendrá fin”.

“No tendrá fin”. Esta, básicamente, es la historia de los dos siglos y medio que le siguieron.

Primero, se revocó el requisito de tener posesiones durante la era de Andrew Jackson. (Dada la política actual, resulta interesante señalar que fueron los indignados hombres blancos de clases trabajadoras los que consiguieron la primera victoria en materia de derecho al voto).

Luego, los hombres de raza negra ganaron el derecho al voto, en parte gracias a haber servido masivamente en el Ejército de los EE. UU. (hacia el final de la Guerra Civil, uno de cada cinco soldados de la Unión era de raza negra). Al cabo de una década, la promesa de la Decimoquinta Enmienda fue revertida por la acción de un grupo de políticos cobardes y la Corte Suprema, que dieron inicio a décadas de privación del sufragio.

A cada paso, personas que hoy se considerarían a sí mismas “estadounidenses de herencia” lucharon para detener el progreso. A fines del siglo XIX, el bisnieto de John Adams advirtió: “El sufragio universal solo puede equivaler lisa y llanamente al gobierno de la ignorancia y el vicio; equivale a un proletariado europeo, especialmente celta, en la costa atlántica, un proletariado africano en las costas del Golfo, y un proletariado chino en la costa del Pacífico”.

A través de la Decimonovena Enmienda, las mujeres ganaron el derecho al voto tras haber sido las pioneras de varias tácticas nuevas de protesta, como las marchas pacíficas y las huelgas de hambre. Su victoria se dio durante la Era Progresiva, cuando el electorado también les quitó a las corruptas legislaturas estatales el derecho a elegir a los senadores federales.

Luego, medio siglo después, se aprobó la Ley de Derecho al Voto (Voting Rights Act) de 1965, ganada con sangre y sacrificio. Esta ley creó una democracia multirracial en los Estados Unidos por primera vez.

Esa fue la historia de la lucha de nuestro país hacia una verdadera democracia. El pueblo siempre ha tenido que pelear para ampliar el círculo de la democracia, a menudo inspirado por la visión fundadora de la nación. Y siempre, ha habido quienes opusieron resistencia.

Ahora estamos en un momento en el que los que ocupan el poder otra vez intentan hacer retroceder el derecho al voto.

Mañana, el presidente Trump se reunirá con los republicanos del Senado, donde se prevé que vuelva a presionar para conseguir la aprobación de la Ley SAVE (SAVE Act), la ley electoral restrictiva que, hasta ahora, ha sido bloqueada.

Este proyecto de ley prácticamente obligaría a toda persona ciudadana estadounidense a presentar un pasaporte o un certificado de nacimiento cada vez que se registra o se vuelve a registrar para votar. Nuestra investigación demuestra que 21 millones de estadounidenses no tienen a mano estos documentos.

Están usando al FBI como una herramienta para aterrorizar a las autoridades electorales y a los grupos que trabajan para registrar a los votantes. Tanto Trump como sus seguidores denunciaron de inmediato y falsamente que las últimas elecciones primarias en California fueron “manipuladas”.

Y la Corte Suprema, donde James Wilson alguna vez ocupó el estrado, acaba de demoler la Ley de Derecho al Voto.

¿Qué deberíamos hacer nosotros como patriotas, en este momento tan desconcertante? Luchar por los ideales de la fundación, no porque alguna vez hayan sido una realidad, sino porque impulsaron una lucha por la libertad que ha hecho a nuestro país, en sus mejores momentos, sí, excepcional. Y eso incluye, enfáticamente, la libertad de votar.

James Wilson lo entendía mejor que muchos. Tal como lo señala Wegman en su libro, fue Wilson quien —como miembro del comité redactor— introdujo la primera línea de nuestra Constitución: “Nosotros, el Pueblo”.

Traducción de Ana Lis Salotti