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Prison innovations
Àdria Fruitos
Preguntas y respuestas

¿Cómo pueden las prisiones ayudar a las personas encarceladas a salir adelante?

Algunos directores de correccionales están dejando de lado las políticas punitivas tradicionales y mejorando las condiciones para las personas que viven y trabajan en las prisiones.

Prison innovations
Àdria Fruitos
marzo 17, 2026

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  • Algunos directores de correccionales están trabajando para promulgar reformas innovadoras que pueden mejorar las condiciones en las prisiones.
  • Los autores de un nuevo informe del Brennan Center hablan sobre sus hallazgos en esta entrevista.

Las prisiones en los Estados Unidos están plagadas de violencia y no han sido diseñadas para reparar las circunstancias más profundas que pueden traducirse en el involucramiento de la justicia penal, tales como los problemas de adicción y la falta de trabajo, atención de la salud y educación. Pero, tal como lo documenta un nuevo informe del Brennan Center, la encarcelación no tiene por qué ser así.

Algunos directores de correccionales están trabajando junto a organizaciones defensoras para promulgar reformas innovadoras que pueden mejorar las condiciones en las prisiones, aumentar la retención del personal correccional y mejorar los resultados para las personas después de salir en libertad, lo cual contribuye a una mayor seguridad pública. Los autores del informe hablan sobre sus hallazgos en esta entrevista.

¿Por qué las condiciones en las prisiones es un tema importante para las personas que no están encarceladas?

La mayoría de la gente probablemente no piense mucho en lo que ocurre detrás de las paredes de una prisión. Esa información tampoco es fácil de encontrar. Las prisiones son como cajas negras; por eso, muy posiblemente la gente no sabe cómo es la vida tras las rejas. Pero debería importarnos. La gran mayoría de las personas que terminan en prisión —más del 95 por ciento— vuelve a sus comunidades después de cumplir su sentencia. Dado que el tiempo promedio de las sentencias a prisión es de 2.7 años, las personas encarceladas regresan a la sociedad mucho más pronto de lo que se cree.

Si queremos que estas personas, después de su encarcelación, se reintegren a la sociedad, sean productivas, obedezcan la ley y contribuyan en sus comunidades, entonces el tiempo que pasan tras las rejas debería ayudarles a cumplir este objetivo. Por lo tanto, sería lógico que la encarcelación intente reparar los problemas que muy a menudo contribuyen a los comportamientos que hacen que la gente termine en prisión.

Por ejemplo, muchas de las personas encarceladas podrían necesitar ayuda con problemas de usos de sustancias o enfermedades mentales. También podrían necesitar una mejor educación o un mayor desarrollo de habilidades vocacionales a fin de estar mejor preparados para encontrar trabajo cuando salen en libertad. O quizá necesiten ayuda para resolver sus problemas de estrés, ira u otros factores psicológicos que los llevaron a cometer delitos en primer lugar.

Sin embargo, muy pocas prisiones suelen brindar estos tipos de asistencia para todas las personas que tienen bajo custodia.

¿Qué clase de innovaciones documenta el informe? ¿Comparten algún principio en común?

Algunas de las reformas presentadas en nuestro informe se centran en mejorar las condiciones de vida y reducir la violencia en las prisiones. Otras buscan mejorar la salud y los recursos del personal correccional o aumentar las oportunidades vocacionales y educativas para las personas encarceladas. El principio que comparten todas estas innovaciones es que los directores de los correccionales se pusieron manos a la obra y decidieron implementar ideas creativas.

Muchos de los directores con los que hablamos nos contaron cómo encaran su trabajo con audacia. Dado que los directores de correccionales son nombrados por los gobernadores estatales, muchos ejercen sus cargos de liderazgo durante un promedio de solo tres años y, por eso, deben apresurarse si quieren maximizar su impacto durante su breve mandato. Con ese objetivo, estas innovaciones reflejan una prioridad sobre la dignidad humana tanto para quienes trabajan como para quienes viven en las prisiones de nuestra nación.

También se basan en la creencia de que los cambios sistémicos solo se pueden lograr si las personas que trabajan en las prisiones tienen un compromiso genuino y participan activamente en las iniciativas de reforma. Muchos de los programas y políticas que documentamos en nuestro informe inspiran y motivan al personal correccional y a las personas encarceladas a trabajar en equipo para mejorar sus instalaciones.

Por ejemplo, un oficial correccional que trabaja con Amend, una organización sin fines de lucro liderada por médicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Francisco, nos contó su experiencia: “Yo pensaba que tenía éxito en mi trabajo cuando no pasaba nada malo y... le mostraba a la gente quién estaba a cargo. Pero ahora me doy cuenta de que tengo éxito en mi trabajo cuando alguien me mira y me dice: ‘Gracias por ayudarme a participar en un programa. Gracias por ayudarme a volver a conectarme con mi hijo. Gracias por ayudarme a planear mi reunión con la junta de libertad condicional’”.

¿Qué tan amplias son las iniciativas de las reformas penitenciarias?

Están ocurriendo cambios en todo el país, en jurisdicciones tan variadas como Arizona, California, Colorado, Connecticut, Idaho, Indiana, Maine, Massachusetts, Missouri, Dakota del Norte, Oklahoma, Oregón, Pensilvania, Carolina del Sur y Washington. Son estados con gobiernos tanto demócratas como republicanos. Y los cambios están ocurriendo en jurisdicciones urbanas y también rurales.

En general, estas iniciativas se concentran en las regiones geográficas del oeste, medio oeste y noreste del país. Los estados del sur no han adoptado los principios de la reforma penitenciaria al mismo nivel, aunque nuestro informe sí presenta algunos proyectos en Carolina del Sur.

Florida también está comenzando a implementar algunas reformas dirigidas a hombres jóvenes encarcelados con sentencias de prisión cortas, que no están incluidas en el informe. Pero sí visitamos estas unidades “de sentencias breves”, que se centran en la educación y el tratamiento de abusos de sustancias con el objetivo de asegurarse de que los jóvenes encarcelados en estas unidades no vuelvan a la cárcel durante períodos más largos. Esperamos que estas ideas innovadoras se sigan expandiendo. De todas formas, aún queda mucho más por hacer en el sur de nuestro país.

Algunas de estas reformas tienen el objetivo de ayudar al personal que trabaja en las prisiones. ¿Por qué es eso importante?

Durante décadas, a las prisiones les ha costado mucho emplear y retener a su personal de tiempo completo. A menudo, los oficiales correccionales trabajan largas horas, reciben salarios bajos y están inmersos en un ambiente muy estresante. Estas condiciones producen una baja satisfacción laboral y altos índices de trastorno de estrés postraumático y suicidio. La escasez de personal fue exacerbada por la pandemia de COVID-19.

Muchos directores de correccionales señalaron que es difícil transformar la cultura penitenciaria en medio de la actual crisis. Aun así, resulta alentador indicar que el personal que participó en estos proyectos innovadores veía cómo las reformas podían mejorar la salud y la seguridad tanto del personal correccional como de la población encarcelada, lo cual les dio un mayor sentido de orgullo personal y les renovó la esperanza.

De hecho, muchos de los programas evaluados en este informe han demostrado que mejorar el ambiente penitenciario, ofrecer más programas para las personas encarceladas y capacitar al personal para construir relaciones más constructivas y auténticas con la población carcelaria puede reducir los factores de estrés que hacen que muchos abandonen el sector correccional.

Reducir la violencia en el sitio de trabajo y alivianar el constante estado de vigilancia extrema es fundamental si se quiere mejorar la salud mental y física del personal, lo cual puede traducirse en un mejor trato para las personas encarceladas. Realizar inversiones a fin de mejorar los recursos para la población penitenciaria, combinadas con iniciativas de bienestar y capacitación para el personal correccional, puede contribuir al tan necesitado compromiso del personal durante los procesos de reforma que benefician a todos.

¿Qué dicen los datos sobre la eficacia de estas reformas?

Los datos y las investigaciones preliminares indican resultados prometedores: una disminución en la violencia, una reducción en la reincidencia (es decir, la probabilidad de que las personas que salen en libertad vuelvan a ser condenadas por otro delito más adelante) y una mejora en las percepciones de la cultura y seguridad penitenciarias tanto entre el personal como entre la población carcelaria.


Por ejemplo, los datos descriptivos del Departamento de Correcciones de Maine que evaluaron las tendencias observadas antes y durante la implementación de algunas reformas estatales demuestran una disminución alentadora en los incidentes de violencia. En 2024, los índices de agresiones documentadas entre las personas encarceladas bajaron un 40 por ciento, y los índices de agresión contra el personal disminuyeron un 36 por ciento.

Otro dato que vale la pena resaltar es que los incidentes del uso de la fuerza por parte del personal disminuyeron en un 69 por ciento, lo cual podría indicar un correcto uso de las técnicas de reducción de escaladas de violencia por parte del personal, o bien una disminución en los comportamientos violentos entre la población encarcelada.

Los datos provenientes de varias prisiones de Míchigan sugieren que su programa de reinserción Vocational Village, que ofrece capacitaciones ajustadas a las vacantes de puestos de trabajo disponibles en el estado, en industrias como la construcción, la conducción de vehículos comerciales, la robótica, la programación de software y la cosmetología, contribuye a reducir la reincidencia. En 2019, los graduados de este programa tuvieron una reincidencia del 16 por ciento, en comparación con el 22 por ciento documentado entre las personas liberadas de todos los correccionales de Míchigan.

En Carolina del Sur, un reciente estudio aleatorio con grupos de control evaluó la iniciativa Restoring Promise centrada en la dignidad humana y en crear comunidades de apoyo tanto para el personal correccional como para los jóvenes adultos encarcelados. El estudio reveló que estos jóvenes adultos tenían un 73 por ciento menos de probabilidades de participar en incidentes violentos y un 83 por ciento menos de probabilidades de terminar en celdas restrictivas, como de confinamiento solitario.

Las encuestas efectuadas en varias unidades de Restoring Promise también reflejaron percepciones positivas sobre la seguridad y las relaciones en los correccionales. Por ejemplo, los resultados demostraron que la mayoría de los jóvenes adultos decían sentirse seguros (95 por ciento) y que estaban aprendiendo habilidades para la vida (89 por ciento). En las encuestas al personal, el personal correccional de estas unidades señaló que disfrutaban trabajar con las personas encarceladas (100 por ciento) y que el tiempo que pasaron en el programa los preparó para lograr el éxito en su trabajo (96 por ciento).

Al igual que lo demuestran cada vez más investigaciones, los resultados preliminares de estas iniciativas penitenciarias innovadoras sugieren que las prisiones pueden modificar positivamente la forma en que las personas viven tanto en las prisiones como en nuestras comunidades.

¿Por qué hay líderes empresariales e industriales interesados en las reformas penitenciarias?

Cada año, aproximadamente 450,000 personas salen en libertad de prisiones federales y estatales. Casi el 60 por ciento de ellas sigue sin tener trabajo al año de su liberación, y casi el 70 por ciento vuelve a ser arrestado dentro de los tres años de su puesta en libertad.

Como consecuencia, las reformas penitenciarias se están enfocando cada vez más en la rehabilitación y la mejora de los resultados para la reinserción social de las personas puestas en libertad. Muchas priorizan el desarrollo de capacidades y la mejora personal para ayudar a las personas a conseguir trabajo cuando salen de la cárcel. Las iniciativas que procuran darles una segunda oportunidad y contratar a personas previamente encarceladas también intentan satisfacer la clara necesidad económica de crear una fuerza laboral capacitada y talentosa para llenar las vacantes laborales.

Por ejemplo, Heidi Washington, la directora del Departamento de Correcciones de Míchigan, recalcó que tener fuertes alianzas con las empresas y los líderes industriales es fundamental para el éxito del programa Vocational Village. El Departamento de Correcciones de Míchigan tiene alianzas con muchas empresas locales, como la Ford Motor Company y la DTE Energy, una importante compañía de energía eléctrica y gas natural. Estas corporaciones ayudan a perfeccionar el programa brindando sus perspectivas sobre los planes de capacitación y se comprometen a contratar a personas previamente encarceladas.

Cientos de empresas en Míchigan han contratado a personas previamente encarceladas participantes del programa Vocational Village que regresaron a sus comunidades. En 2024, los graduados del programa Vocational Village registraron un mayor índice de empleo que el promedio nacional entre todas las personas adultas en los Estados Unidos.

Como otro ejemplo, el programa The Last Mile se asocia con agencias correccionales y gobiernos estatales, y diversas empresas y patrocinadores para ofrecer capacitaciones tecnológicas de avanzada (por ejemplo, sobre programación, desarrollo de sitios web y tecnologías de audio y video) en las prisiones. Los programas también brindan asistencia laboral. Según la iniciativa The Last Mile, más del 70 por ciento de sus graduados consigue trabajo dentro de los seis meses de su liberación, lo cual es un factor esencial a la hora de reducir la reincidencia.

Si hay tanto interés en las reformas, ¿por qué es tan difícil lograr cambios importantes y replicarlos en otros lados?

Es muy difícil cambiar la cultura de cualquier institución. Cualquier oficial correccional añadirá que es extraordinariamente difícil en su rubro. Las políticas y las prácticas arraigadas desde hace mucho tiempo dan forma a las convenciones en el comportamiento institucional y, a nivel de la agencia, el centro o la unidad, estas convenciones cambian con mucha lentitud. Las prácticas se siguen centrando en una administración penitenciaria que utiliza un enfoque de comando y control y enfatiza la seguridad y la disciplina, no la rehabilitación.

La capacitación y la educación del personal se siguen basando en la enseñanza de técnicas punitivas y procesos disciplinarios, en lugar de enfatizar el desarrollo de capacidades en el manejo social y conductual de las personas. Incluso cuando se logran cambios explícitos, se suelen enfrentar a un cierto grado de resistencia. Es muy posible que los actores institucionales se sigan rigiendo por normas o prácticas obsoletas, incluso no éticas, más allá de que sean injustas o ineficientes.

Todo esto puede hacer muy difícil afianzar las nuevas reformas y puede colocar presión sobre su sostenibilidad a largo plazo. También plantea dificultades a la hora de replicar o ampliar el alcance de las reformas puestas a prueba. Además, hay otros obstáculos más prácticos que dificultan la implementación de las reformas penitenciarias.

Cuando las prisiones tienen una escasez de personal, a los oficiales de primera línea les cuesta encontrar el tiempo o la energía de realizar nuevos entrenamientos o cambios, por más positivos que sean. Cuando las prisiones no cuentan con los fondos suficientes, los enfoques experimentales siempre van a dejarse de lado para priorizar los programas esenciales, como los servicios de comida o la atención médica.

Sin embargo, las reformas penitenciarias son muy populares. Una encuesta reciente revela que la enorme mayoría de la población estadounidense apoya la implementación de programas educativos y de rehabilitación y cree que las prisiones deberían estar libres de violencia. Este tipo de inversiones puede ayudar a que las personas no vuelvan a caer presas tras su liberación; y eso, al fin y al cabo, reduciría los costos y mejoraría la seguridad pública.

Traducción de Ana Lis Salotti