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Previo a las elecciones de noviembre, el Brennan Center está publicando una serie de análisis explorando las tendencias clave que definen cómo fluye el dinero en nuestras elecciones y qué voces se escuchan con mayor fuerza.

Las elecciones de 2026 probablemente batirán récords de gasto, con más dinero que nunca antes proveniente de los donantes más ricos. Contienda tras contienda, los principales megadonantes están gastando decenas de millones de dólares a través de las súper-PACs para impulsar a candidatos que probablemente favorezcan ideologías específicas o intereses especiales, eclipsando así los aportes de los pequeños donantes en esas contiendas. 

Algunas industrias con grandes capitales, especialmente aquellas relacionadas con la tecnología o las finanzas, dominan el mayor gasto electoral. Las corporaciones y sus presidentes ejecutivos destinan decenas de millones para elegir a sus candidatos preferidos, mientras buscan políticas de gobierno que favorezcan sus utilidades. Al mismo tiempo, los estadounidenses están cada vez más preocupados por la corrupción. En todo el espectro político, una amplia mayoría considera el elevado gasto en las elecciones como un problema de corrupción. 

Además, los fondos de financiación anónimos (llamados dark money) de fuentes no declaradas continúan aumentando y son cada vez más difíciles de rastrear. Muchos grupos que gastan grandes sumas de dinero para influir en las elecciones ocultan la identidad de sus donantes y, cada vez más, canalizan sus gastos a través de otras entidades para enmascarar aún más a sus fuentes de financiación.