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- La preocupación del público por la corrupción es generalizada.
- La clase política está comenzado a darse cuenta de que no basta con solo quejarse de la corrupción.
El periodista Michael Kinsley definió el desliz político como una instancia en la que una figura política dice la verdad sin querer. Durante su audiencia de confirmación para ocupar el cargo de fiscal general, a Todd Blanche se le escapó una verdad sobre Donald Trump: “Soy su abogado”.
Ahora, el Comité Judicial del Senado ha llevado la nominación de Blanche al recinto del Senado para su tratamiento, a pesar de las muchas pruebas que apuntan a una instrumentalización política del Departamento de Justicia bajo su liderazgo.
Los senadores John Cornyn (republicano de Texas) y Thom Tillis (republicano de Carolina del Norte) montaron un gran teatro para retrasar la nominación, porque se oponían a la creación del fondo abiertamente corrupto de $1,800 millones para pagarles a los aliados de Trump, entre ellos, supuestamente, a los insurrectos del ataque del 6 de enero.
Su rebelión ficticia se tradujo en un acuerdo falso. John McLaughlin de la revista conservadora National Review lo definió como una “patraña”. Deja intacta la promesa del Departamento de Justicia de proteger a Trump y a su familia de toda obligación tributaria. Y al haber sido inmunizado por la Corte Suprema de todo procesamiento penal, ahora es también inmune a toda responsabilidad civil. Y todo esto mientras su patrimonio neto aumentó más de $2,000 millones en un solo año.
La era Trump está llegando a un sórdido final. Creo que no nos indignamos lo suficiente cuando demandaron a un transeúnte supuestamente por haber vandalizado el Estanque Reflectante. La semana pasada, la fiscalía le confirmó al tribunal que, en verdad, el culpable había sido una reparación “defectuosa” realizada por un contratista elegido por el presidente sin ningún proceso de licitación.
Una y otra vez, estos procesamientos politizados se derrumban. Sería gracioso si no reflejara un terrible abuso de poder y no impusiera daños reales sobre las personas cuyas vidas les cambia drásticamente a raíz de estas acusaciones infundadas.
Después de los destrozos, necesitamos reparación. ¿Qué sigue ahora? ¿Cómo reparamos las instituciones de autogobierno? La preocupación del público por la corrupción es generalizada.
Una encuesta de CNN reveló la semana pasada que el 64 por ciento de las personas encuestadas cree que Trump “se ha pasado de la raya” por “atender sus propios intereses corporativos mientras sirve como presidente” del país. Pero ¿qué partido político se puede considerar como “el partido que lucha contra la corrupción”? Casi la mitad dijo que “ninguno”.
A comienzos de este año, el Brennan Center publicó una nueva serie de propuestas políticas: Soluciones para una democracia más fuerte. “El Congreso debe crear una fuerte agencia de ética gubernamental nueva,” urgimos. “En la actualidad, el cumplimiento de las reglas de ética es débil y esporádico.
Una sola agencia debe hacer cumplir las normas éticas fundamentales a nivel federal, tales como las leyes que rigen sobre los conflictos de interés, los límites en la aceptación de regalos, los requisitos de divulgación de los ingresos y activos para los funcionarios del gobierno federal y las restricciones en el uso de los recursos federales para llevar a cabo actividades políticas partidarias. Esta agencia debe tener las facultades necesarias para redactar las reglas vinculantes y aplicar sanciones civiles y otros recursos contra cualquiera que viole las reglas”.
El público apoya enfáticamente estas y otras reformas. Según una encuesta del Brennan Center que publicamos en julio, la creación de una nueva agencia de ética cuenta con un apoyo del 81 por ciento, que incluye al 75 por ciento de las personas republicanas encuestadas.
Otras reformas cuentan con márgenes de apoyo similares, como una enmienda constitucional para revocar la decisión en el caso Citizens United y otros dictámenes errados sobre la financiación de las campañas, y una iniciativa para acabar con las donaciones anónimas en las elecciones.
Ahora, un grupo de senadores demócratas ha presentado una excelente propuesta anticorrupción parecida a nuestras recomendaciones. La semana pasada, el líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer (demócrata de Nueva York) propuso la creación de una nueva Oficina Anticorrupción. Reuniría el trabajo de varias agencias bajo una nueva comisión bipartidaria con al menos un miembro independiente y facultades ampliadas. También expandiría el rango de las sanciones que se podrían imponer para combatir la corrupción.
Y como última red de contención, si un funcionario federal no cumple con la ley como corresponde, les permitiría a las fiscalías generales estatales y a particulares demandar a los funcionarios corruptos bajo ciertas condiciones.
La propuesta de Schumer tiene muchos elementos buenos y, sin duda, se presentarán más ideas. Lo más importante es que esto sugiere que la clase política está comenzado a darse cuenta de que no basta con solo quejarse de la corrupción.
¿Y dónde están los republicanos? Todavía podrían oponerse a la nominación de Blanche. Nuestras encuestas demuestran que el electorado también quiere reformas anticorrupción.