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- Más de 9 de cada 10 votantes creen que la corrupción es un gran problema en la política y el gobierno.
- Una amplia mayoría considera que la corrupción es un problema endémico fuertemente arraigado en las instituciones del gobierno, desde la Corte Suprema y el Congreso hasta la presidencia.
Ya he escrito sobre el hecho de que la corrupción es el gran problema latente del 2026. Bueno, ya ha salido a la luz. Y el problema podría ser más grave de lo que creía.
Esa es la implicación de una nueva encuesta nacional que acaba de publicar el Brennan Center. La encuesta se llevó a cabo entre fines de abril y principios de mayo, justo antes de que el presidente intentara crear un fondo de sobornos de $1,800 millones para destinar el dinero de nuestros impuestos a sus aliados políticos.
Los resultados de la encuesta son impresionantes. Más de 9 de cada 10 votantes creen que la corrupción es un gran problema en la política y el gobierno. Una amplia mayoría considera que la corrupción es un problema endémico fuertemente arraigado en las instituciones del gobierno, desde la Corte Suprema y el Congreso hasta la presidencia. Les desanima que los escándalos nunca traen consecuencias y que las revelaciones más impactantes no den lugar a reformas.
Los resultados son increíblemente uniformes entre los votantes demócratas, republicanos e independientes.
Y lo más importante es que el electorado quiere reformas audaces. El 83 por ciento quiere una ley que le prohíba al presidente tener conflictos de intereses y le obligue a cumplir normas éticas más estrictas. El 81 por ciento quiere un nuevo organismo federal de ética que haga cumplir las normas. Y el 79 por ciento quiere una enmienda constitucional que restaure los límites sobre las contribuciones de dinero en las elecciones, mientras que otras medidas anticorrupción recibieron un nivel de apoyo similar.
Es difícil encontrar propuestas que tengan un apoyo bipartidario más profundo.
Sin embargo, aquí hay detalles que deberían sacudir la complacencia. Escuchemos con atención al pueblo votante. Definen la corrupción en términos amplios. Una gran mayoría considera que hay corrupción cuando los políticos atienden los intereses de los multimillonarios y las grandes corporaciones, lo cual no es nada sorprendente. Pero la mayoría de los estadounidenses también cree que, cuando la clase política derrocha el dinero de sus impuestos e incluso cuando no responde a las necesidades del electorado, esas también son formas de corrupción.
Una gran mayoría considera que la corrupción es parte de la razón por la que el gobierno no resuelve los problemas clave como el tema de la vivienda y la asequibilidad. ¿Cómo conectamos estas recónditas reglas del gobierno con el bienestar económico del pueblo? Los votantes ya lo están haciendo.
Abundan las señales de advertencia para los políticos de los dos partidos. Otras encuestas han demostrado que el electorado no cree que los políticos demócratas y republicanos sean mejores unos que otros en este sentido.
Quienes elaboran las políticas deben comprender que la percepción del público de lo que está mal cala mucho más profundo que los supercomités de acción política, o súper-PAC, o un salón de baile en la Casa Blanca o incluso un fondo de sobornos.
Para el pueblo, es un sistema lo que fundamentalmente está fallando. Es un gobierno que no está funcionando como debería. Y hay una disposición a señalar nombres y echar culpas.
En cierto sentido, estos resultados son un presagio. Solemos decir que las elecciones de 2024 fueron las primeras desde el siglo XIX en las que el partido en el poder perdió la Casa Blanca tres veces seguidas (en 2016, 2020 y 2024). Esta encuesta refleja a un electorado profundamente preocupado, que desdeña el sistema político y se indigna ante sus fracasos. Este clima creó las condiciones perfectas para el surgimiento del nacionalismo populista de Trump en 2016. No ha desaparecido.
Sin embargo, también hay una chispa que puede impulsar enfoques renovados, críticas más fuertes y soluciones más audaces. Si creemos en lo que muestran las encuestas, el senador Jon Ossoff (D-GA) ha construido su buena fortuna política mediante una campaña constante y a menudo inspiradora centrada en el tema de la corrupción.
El nivel de descontento de la ciudadanía sugiere una crítica moral más profunda. Incluso ahora, en medio de violentos cambios tecnológicos y la evaporación de los viejos estándares, el pueblo parece aferrarse a un principio subyacente de responsabilidad personal.