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- Con la creciente presión para recaudar fondos, las redes sociales permiten a los congresistas recaudar dinero y generar conciencia al mismo tiempo.
- Un reto para los encargados de formular políticas públicas es encontrar el equilibrio entre la necesidad de garantizar que los legisladores puedan recaudar suficiente dinero para ser competitivos sin introducir incentivos tóxicos.
El proceso legislativo actual está muy alejado de la versión de la animación de Schoolhouse Rock, en la cual una propuesta avanza lentamente a través el proceso en los comités con bastantes aportes de las y los legisladores. Con la ruptura del “orden normal” del proceso legislativo, muchas propuestas son impulsadas hoy por el liderazgo e inmediatamente puestas a votación, con poco tiempo para que los miembros de base puedan influir. Los nuevos miembros del Congreso tienen aún menos influencia, ya que son menos propensos a ocupar puestos en comités poderosos que impulsan legislaciones clave.
Ante esta realidad, muchos legisladores recurren a las redes sociales para dejar su huella. Crean momentos virales como una manera impactante de concientizar al público y tomar posturas sin nunca respaldar una propuesta legislativa.
Como lo explicó un excongresista, se trata de momentos creados para la televisión. Y como otro diputado de la Cámara lo planteó: “Cuando vas al pleno de la Cámara y haces un discurso para una audiencia de C-SPAN”, solo llega a esa audiencia. Pero si “tomas ese video, lo subes a YouTube o lo publicas en Twitter o Facebook entonces vas a lograr un efecto multiplicador”.
Y con la creciente presión para recaudar fondos, las redes sociales permiten a los congresistas recaudar dinero y generar conciencia al mismo tiempo. Las donaciones en línea se han convertido en una fuerza impulsora en la política estadounidense y los momentos virales pueden atraer donaciones de todo el país.
El volumen de donaciones en línea procesadas a través de ActBlue (un PAC demócrata con una plataforma uniforme de recaudo de donaciones) se ha duplicado cada ciclo electoral de dos años desde 2012. La cantidad en dólares donada a través de las dos principales plataformas (ActBlue y WinRed), se ha incrementado virtualmente desde cero a finales de los 2000 al 40 por ciento de todas las contribuciones hechas en el ciclo electoral de 2020.
Además, la recaudación de fondos se ha nacionalizado cada vez más y los contribuyentes de todo el país pueden hacer aportes en línea. Según el portal OpenSecrets, en 2016 cerca del 75 por ciento de las donaciones para los candidatos a la Cámara vino del mismo estado donde se postuló el candidato, comparado con el 62 por ciento en 2022.
Las personas candidatas de estados pequeños son aún más propensas a depender del dinero proveniente fuera de su estado. Mi colega del Brennan Center Ian Vandewalker y yo analizamos las contiendas para secretario de estado en seis estados clave en las elecciones de medio término de 2022. Encontramos que esas contribuciones procedentes fuera del estado se incrementaron más de seis veces entre 2014 y 2022. Este fue el mismo ciclo electoral en el cual las contribuciones totales para los candidatos a secretario de estado se dispararon en respuesta a la difusión de la “gran mentira” (que las elecciones de 2020 fueron robadas) y que le dieron inicio al movimiento de negacionistas electorales.
Con un panorama de recaudación de fondos cada vez más nacionalizado, las redes sociales permiten a las personas candidatas llegar fácilmente a los donantes en todo el país.
Para los nuevos congresistas, la recaudación de fondos en línea es importante no solo porque lograr aportes es clave para mantener su escaño y construir credibilidad en la cámara legislativa, sino también porque pueden construir su propia marca.
John Lawrence, quien fue jefe de personal de la expresidenta de la Cámara Nancy Pelosi, explicó que la “capacidad para recaudar dinero en línea es una enorme ventaja para los nuevos congresistas. Aunque no es necesariamente la mejor noticia para el liderazgo, porque hace que los nuevos legisladores de cierta forma sean menos dependientes de los líderes, les da razón para mantener cierta visibilidad nacional. Sabes, pienso en la noche en que el diputado Joe Wilson [republicano de Carolina del Sur] gritó: ‘¡Mientes!’ en el pleno de la Cámara y luego recaudó un millón de dólares al día siguiente”. Lawrence se refiere a la sesión conjunta del Congreso que sostuvo el presidente Barack Obama en 2009. En pleno discurso, Wilson le gritó al presidente y el videoclip de la interrupción se viralizó en las redes.
El exdiputado Tom Davis, republicano de Virginia, también referenció a Wilson en su libro: “Mientras que los aportes en línea han reemplazado las viejas solicitudes a aportar a la campaña por correo, han aparecido mensajes vehementes que mueven a las bases y son recompensados. ¿Dónde más puede un diputado gritar, ‘¡Mientes!’, durante un discurso presidencial del estado de la unión y recaudar en línea casi un millón de dólares en aportes a la campaña en la semana siguiente?” Las apreciaciones de Lawrence y Davis y el ejemplo de Wilson recalcan el incentivo agregado para que los congresistas dediquen tiempo en generar publicaciones para redes con el fin de construir sus marcas y seguidores a nivel nacional.
Esta dinámica ha distorsionado el sistema de incentivos para los congresistas. La diputada Lauren Underwood, demócrata de Illinois, dijo: “Hay muchos incentivos que sugieren que las vistas, los aplausos, la fama, el éxito [son la prioridad]. Hay menos incentivos alrededor de los cambios en política pública, lograr traer más fondos a las comunidades o estar al servicio del electorado. Solo diría que el sistema de incentivos esta desbalanceado”.
Por ejemplo, el presidente del subcomité antimonopolio sostuvo audiencias sobre las compañías de tecnología más grandes durante los días de “viaje” (cuando los congresistas salen de Washington D. C.) para que él pudiese tener el “ciclo noticioso para él solo porque el resto de los congresistas no estaban”, dijo el exdiputado Kelly Armstrong, republicano de Dakota del Norte.
El diputado Mike Levin, demócrata de California, dijo que una de las confusiones más grandes sobre el Congreso es que “las personas que tú ves en la televisión o en las redes sociales son recompensadas por decir y hacer las cosas más escandalosas que no son un reflejo de la gran mayoría de personas en este cuerpo legislativo … A veces nuestro ecosistema de medios moderno estimula el mal comportamiento”.
La presión para promoverse en redes sociales para recaudar algunos dólares a menudo estimula mensajes que ignoran los matices. Armstrong explica: “Si consigo que un trabajador de petróleo y gas en Laredo, Texas me envíe 20 dólares a Dakota del Norte, no es porque estoy planteando un argumento político matizado sobre la infraestructura. Es porque le he enviado un correo diciéndole por qué debería estar molesto, contra quien debería estar molesto y por qué yo soy quien puede resolverlo. Y pienso que eso intensifica la retórica”.
A medida que la recaudación de fondos de campaña se ha convertido en una parte cada vez más importante de actividad de los políticos estadounidenses, y el proceso legislativo se ha descentralizado, las redes sociales han evolucionado para ser una herramienta política fundamental. Privados de poder legislativo y presionados para recaudar fondos, los congresistas están dando un giro hacia las redes sociales para recaudar dinero y generar conciencia.
Por supuesto, hay muchos beneficios en poder interactuar con la ciudadanía y recaudar dinero en línea, específicamente para los congresistas de grupos marginados que quizá no tengan mucho acceso a los círculos de las personas adineradas. Pero como lo advierten exlegisladores y legisladores en función, esto ha cambiado dramáticamente el sistema de incentivos que guía la forma en que se comunican los congresistas.
Un reto para los encargados de formular políticas públicas es encontrar el equilibrio entre la necesidad de garantizar que los legisladores puedan recaudar suficiente dinero para ser competitivos sin introducir incentivos tóxicos. En última instancia, abordar esta dinámica probablemente requiera tanto frenar el poder de los grupos externos, como los súper-PAC, como ofrecer a las personas candidatas una forma de recaudar fondos localmente y priorizar las preocupaciones de los electores.
Esta pieza fue adaptada del próximo libro de Maya Kornberg, “Estancados: Cómo el dinero, los medios y la violencia frenan el cambio en el Congreso”, el cual documenta las lecciones de los reformistas del Congreso de los últimos cincuenta años y plantea reformas urgentes para mejorar el Congreso.
Traducción de Laura Gómez