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- Este proyecto de ley les exigiría a las personas estadounidenses presentar un pasaporte o un certificado de nacimiento para registrarse para votar.
- Las investigaciones del Brennan Center demuestran que al menos 21 millones de votantes no tienen a mano estos documentos.
Ayer, el New York Times informó que el presidente Trump le ordenó personalmente a la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, que fuera al condado de Fulton en Georgia para presenciar la incautación por parte del FBI de las boletas de las elecciones de 2020. Luego, les dio un sermón a los agentes. Este es un recordatorio estremecedor de lo mucho que Trump está dispuesto a hacer para mover las palancas del poder e interferir en nuestra libertad de voto.
También es un recordatorio de que los riesgos son inmensamente altos. A medida que se acercan las elecciones de medio término de 2026, vemos esfuerzos renovados de controlar o socavar nuestras elecciones, esfuerzos que una vez más se vislumbran en el Capitolio. Sí, volvió la ley SAVE, o Save Act.
Como ya saben muchos de nuestros lectores, el año pasado la Cámara de Representantes aprobó esta legislación con un margen muy estrecho, un proyecto de ley que les exigiría efectivamente a las personas estadounidenses presentar un pasaporte o un certificado de nacimiento para registrarse para votar.
Las investigaciones del Brennan Center demuestran que al menos 21 millones de votantes no tienen a mano estos documentos. Aproximadamente la mitad de la ciudadanía estadounidense ni siquiera tiene pasaporte. Millones de personas no tienen acceso a una copia en papel de su certificado de nacimiento. Y muchísimos más votantes tienen un nombre diferente al que figura en sus pasaportes o certificados de nacimiento, como las mujeres casadas que se cambian el apellido.
En términos simples, este proyecto de ley electoral sería el más restrictivo que haya aprobado el Congreso en toda su historia. Hasta Michael Fragoso, exabogado asesor del senador Mitch McConnell (R-KY), expresó su preocupación con respecto a la magnitud del control sobre las elecciones que este proyecto de ley le daría al gobierno federal. Y señaló: “Federaliza las elecciones de un modo en que el partido republicano siempre se ha opuesto”.
El año pasado, la Ley SAVE quedó estancada en el Senado después del coro de alarma que despertó en todo el país. Ese debería haber sido el fin del proyecto. Pero no, ahora volvió por conveniencia política y no a pedido del público.
¿Qué es lo opuesto a la frase “una buena idea que es momento de concretar”? Una terrible idea que se niega a morir.
La semana pasada, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, varios republicanos presentaron versiones renovadas de la Ley SAVE. Estos proyectos de ley agregan un montón de ideas nuevas y divertidas. La versión que llegó al Senado incluye una disposición que obligaría a las personas ciudadanas a presentar un pasaporte, un certificado de nacimiento o papeles de naturalización no solo cuando se registran para votar, sino también cada vez que votan.
Esta propuesta crea una excepción para los estados que le han entregado sus padrones electorales al Departamento de Seguridad Nacional en un esfuerzo por extorsionar a los estados para que cumplan con los pedidos de la administración de recolectar información sensible del electorado. (Todos los estados, excepto algunos, se han negado a obedecer).
La versión 2.0 mejorada de la Ley SAVE de la Cámara de Representantes, titulada Make Elections Great Again Act, prohibiría el voto universal por correo, no les permitiría a los estados contar las boletas recibidas después del día de las elecciones y los obligaría a llevar a cabo purgas de votantes de tal modo que eliminarían de los padrones electorales a muchas personas ciudadanas que sí pueden votar.
Todas estas medidas extremas se han propuesto en nombre de las mismas teorías conspirativas que motivaron a la Casa Blanca a enviar al FBI a Georgia para que buscara boletas ilegales imaginarias. En este caso, es mentira que las personas no ciudadanas siempre votan en nuestras elecciones. El voto no ciudadano ya es ilegal y extremadamente raro.
Fragoso incluso interpeló a su partido cuando dijo que “las pruebas de que las personas extranjeras ilegales estén votando en grandes números simplemente no existen” y que las nuevas leyes perjudicarían también a los votantes de la base MAGA.
El líder de la minoría en el Senado, el senador Chuck Schumer, dijo que la nueva versión de la Ley SAVE, que en el Senado recibe el nombre de SAVE America Act, va a “llegar ya muerta”. Pero el movimiento antivoto acaba de acelerar sus esfuerzos. La representante Anna Paulina Luna (R-FL) y otros han amenazado con incorporar la Ley SAVE en las negociaciones presupuestarias actuales antes de ceder, tras una reunión que mantuvieron con Trump.
El multimillonario Elon Musk ha tuiteado varias veces para exigir medidas. Y ayer Trump declaró en el podcast de Dan Bongino: “Los republicanos deberían decir: ‘Queremos el control. Debemos controlar las elecciones en al menos 15 sitios’. Los republicanos deben nacionalizar las elecciones”.
Si bien parece poco probable que la ley se apruebe en el Senado, les tocará a los demócratas ponerse firmes y garantizar el fracaso de la Ley SAVE de una vez por todas. Nos tocará a todos no dejarnos engañar por los mitos y las mentiras y proteger nuestras elecciones para que sigan siendo libres y justas. También debemos defender a las autoridades electorales que ahora enfrentan amenazas de procesamientos penales injustificados por hacer su trabajo.
Para el pueblo votante, que debe tener la voz más potente en nuestra democracia, los riesgos son graves, y cada día se agravan más.
Traducción de Ana Lis Salotti