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Destroyed building Iran
Majid Saeedi/Getty
Análisis

¿Qué tiene que ver la guerra en Irán con las elecciones?

La administración está dando indicios alarmantes sobre las elecciones de medio término.

Destroyed building Iran
Majid Saeedi/Getty
marzo 3, 2026

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  • Los gobiernos, en especial los regímenes autoritarios, suelen utilizar las crisis para tratar de manipular las elecciones.
  • En nuestro país, Trump se ha pasado meses intentando justificar sus recrudecidos esfuerzos de intervenir en nuestras elecciones.

Mientras la guerra en el Medio Oriente iniciada por el presidente Trump continúa profundizándose, el presidente todavía no se ha presentado ante el Congreso para solicitar la aprobación, ni siquiera para explicar sus objetivos. Tal como lo señalamos el pasado fin de semana, la Constitución le da al Congreso, no al presidente, el poder de decidir cuándo entra en guerra la nación. No ha habido ninguna deliberación, ninguna votación, ninguna justificación clara. El ataque contra Irán es inconstitucional.

Habrá mucho más que decir al respecto en las próximas semanas. Detrás del fuerte drama, queremos llamar la atención sobre otra realidad. Mientras las encuestas de Trump caen estrepitosamente y su posición política se debilita, los esfuerzos para socavar nuestras elecciones se han intensificado. Ahora parece haber operadores y funcionarios que intentan apelar a la seguridad nacional como justificación para intervenir en las elecciones.

De hecho, apenas unas horas después de iniciar la guerra con Irán, Trump compartió un titular en la red Truth Social que decía: “Irán intentó interferir en las elecciones de 2020 y 2024 en contra de Trump y ahora enfrenta una renovada guerra con los Estados Unidos”.

Los gobiernos, en especial los regímenes autoritarios, suelen utilizar las crisis para tratar de manipular las elecciones. (Por ejemplo, en Hungría, aumenta el temor de que Viktor Orbán vaya a usar la guerra de Rusia en Ucrania para distorsionar o retrasar las elecciones en ese país). En nuestro país, Trump se ha pasado meses intentando justificar sus recrudecidos esfuerzos de intervenir en nuestras elecciones.

La semana pasada, durante su discurso del Estado de la Unión, Trump exigió la aprobación de la Ley SAVE (SAVE Act, el proyecto de ley que podría privar de su derecho al voto a decenas de millones de ciudadanos estadounidenses, porque efectivamente les obligaría a presentar un pasaporte o certificado de nacimiento para registrarse para votar). De hecho, Trump le dedicó a este tema la misma cantidad de tiempo del discurso que a la causa sobre Irán. Trump alegó que las “trampas desenfrenadas” en las elecciones justificaban restringir el voto.

Hemos alentado a que la gente se haga oír por el Congreso, y han inundado a sus congresistas con cientos de miles de mensajes donde les pedían que se opusieran a la Ley SAVE. La indignación pública parece estar dando resultado.

Desde el discurso de Trump, el proyecto de ley ha perdido cierto impulso en el Congreso. El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, advirtió que los senadores republicanos no tenían una estrategia unificada que pudiera traducirse en la aprobación de la legislación. El sábado, algunos miembros republicanos de la Cámara de Representantes presionaron, nuevamente sin éxito, para agregar la Ley SAVE al proyecto de ley presupuestario que está en pugna en el cierre parcial del gobierno.

¿Qué haría un negacionista de elecciones ingenioso? Cuantas menos probabilidades tenga de restringir el voto mediante una medida legislativa, más frenético será su esfuerzo para buscar formas de subvertir las elecciones mediante una orden ejecutiva.

Primero salió un artículo del Washington Post donde se divulga que ciertos aliados de Trump han estado circulando la versión preliminar de una orden ejecutiva de 17 páginas que estaría utilizando la alegación de que China había interferido en las elecciones de 2020 para declarar una emergencia nacional e intervenir en las elecciones prohibiendo el voto por correo y el uso de las máquinas de votación, entre otras cosas. (Trump le dijo a PBS que no había leído esa orden preliminar y que no iba a declarar una emergencia).

Cabe recalcar que el presidente no tiene el poder de modificar las reglas electorales, ni siquiera durante una emergencia verdadera, mucho menos durante una emergencia falsa.

Luego apareció el informe de ProPublica de ayer donde se describe una “reunión cumbre” a fines de la semana pasada en la que varios negacionistas de elecciones que habían intentado anular las elecciones de 2020 se reunieron con altos funcionarios de la administración en materia de seguridad electoral, todo con el objetivo de que Trump declarara una emergencia nacional y tomara el control sobre las elecciones de medio término (algo que no le permitiría ninguna de las facultades disponibles en una emergencia nacional, que el Brennan Center ha catalogado en un documento guía).

Kurt Olsen estuvo en esa reunión. Olsen es el abogado de la Casa Blanca cuyas teorías conspirativas fueron la principal fuente en la que se basó la declaración jurada presentada como justificación para la redada del FBI en las oficinas electorales del condado de Fulton, Georgia. (Olson también fue sancionado por un tribunal federal por haber difundido información errónea sobre las elecciones en 2022). También estuvo presente Heather Honey, negacionista de elecciones ahora a cargo de la seguridad electoral en el Departamento de Seguridad Nacional. Asimismo, estuvo Cleta Mitchell, que acompañó a Trump en la infame llamada telefónica en 2021 cuando le exigió al secretario de estado de Georgia, Brad Raffensperger, que le “encuentre” más de 11,000 votos.

Sin lugar a dudas, fue un grupo variopinto, y no debemos saltar ante cada alegación ni amenaza. Los funcionarios del gobierno suelen reunirse con activistas, por más desagradable que sea la causa, y la propuesta que describe ProPublica es la misma que el grupo ha estado impulsando desde hace meses. Aun así, sabemos que las guerras intensifican la preocupación por la seguridad nacional y que, a menudo, los gobiernos abusan de la ansiedad que se genera para lograr otros objetivos dentro del país.

Entonces, ¿cuál es la conclusión?

Tal como escribió mi colega Sean Morales-Doyle en The New York Times, “Todavía faltan nueve meses para el día de las elecciones, pero pareciera que todos los días leemos un nuevo titular relacionado con las elecciones proveniente de esta administración. Eso no es coincidencia”.

Los tribunales tendrán que dictar, una y otra vez, que el presidente no ejerce ningún control legítimo sobre las elecciones. En octubre, un tribunal federal anuló una orden ejecutiva más limitada sobre las elecciones en una demanda presentada por el Brennan Center y otros grupos. La jueza lo dijo muy claro: “Dado que nuestra Constitución asigna la responsabilidad sobre la regulación de las elecciones al Congreso y a los estados, no al presidente, esa orden sobrepasa la autoridad del presidente”.

Los jueces, incluso los federales, que, por lo general, presuponen la buena fe de los representantes del gobierno, tendrán que mirar con ojo crítico los esfuerzos de utilizar el poder federal para subvertir las elecciones.

Los alcaldes, gobernadores y legislaturas estatales también tendrán que mantenerse alertas. Las autoridades electorales y las personas votantes necesitan defensa.

Los medios noticiosos, más allá de lo que sean, deben comprometerse a cubrir los acontecimientos a medida que ocurran, como parte de un nuevo complot para menoscabar el derecho al voto.

Y más que nunca, la ciudadanía tendrá que hacerse oír. Elabora un plan y conoce tus opciones para votar. Recuerda que tu voto será contado y que podemos tener elecciones libres, justas y seguras, a pesar de las alegaciones temibles de quienes ocupan el poder.

Hay mucho en juego este año. Una guerra iniciada sin la autorización del Congreso ya es bastante terrible. Asegurémonos de que no se use como una nueva excusa para manipular las elecciones.

Traducción de Ana Lis Salotti