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- Durante 150 años, cientos de miles de niños nacidos en los Estados Unidos de padres no ciudadanos han crecido para convertirse en personas ciudadanas orgullosas de ser estadounidenses.
- El caso ofrece una perspectiva deprimente sobre cómo la Corte Suprema ayuda a impulsar, ratificar y legitimar argumentos extremistas.
Este miércoles, la Corte Suprema escuchará un importante caso constitucional sobre el derecho a la ciudadanía por nacimiento. No deberíamos estar debatiendo este tema en este momento. Pero, desde que el presidente decidió actuar con semejante desacato a la ley, en eso estamos.
El derecho a la ciudadanía por nacimiento figura en la Constitución. La primera oración de la Decimocuarta Enmienda dice: “Todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanas de los Estados Unidos y de los estados donde residen”.
Ha sido ley desde hace más de 150 años. La enmienda revocó la notoria decisión del caso Dred Scott, que decía que ni siquiera las personas afroamericanas libres podían ser ciudadanas estadounidenses. La Corte Suprema en 1898 confirmó la clara interpretación de la Decimocuarta Enmienda.
En el caso United States v. Wong Kim Ark, la Corte dictó que los niños nacidos aquí son ciudadanos, aun cuando sus padres no lo sean. Este principio dio origen a las generaciones de un pueblo estadounidense nuevo.
Donald Trump trató de borrar esta garantía de la Constitución. A unas horas de haber asumido el poder, firmó una orden ejecutiva con la que buscaba negarles la ciudadanía a los niños nacidos aquí de personas no ciudadanas estadounidenses. Muchos tribunales de inmediato se pronunciaron en contra de la Casa Blanca.
El verano pasado, la Corte Suprema les impidió a los jueces emitir este tipo de órdenes de aplicación nacional, pero dejó abierta la posibilidad de iniciar los procesos judiciales de acción de clase. De allí, surgió el caso Trump v. Barbara, presentado por la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por su sigla en inglés).
Es un caso claro y sencillo. Derecho constitucional para tontos.
Buscando desesperadamente argumentos, los abogados de Trump dieron con este: el “único propósito principal” de la Decimocuarta Enmienda era el de proteger a los hijos de los esclavos liberados y a nadie más. Esa interpretación omite el claro lenguaje de la enmienda, junto a un siglo y medio de historia y tradición. Es ficción histórica de aficionados, diseñada para atraer a una Corte “originalista”.
Historiadores como Martha Jones y Kate Masur, integrante del Consejo de Historiadores del Brennan Center, ofrecieron una versión más precisa en un escrito de amicus curiae clave que presentaron en el caso. “Cuando los fundadores de la Constitución incorporaron el derecho a la ciudadanía por nacimiento en la Constitución, no estaban abordando solamente el estatus de los esclavos liberados”, explicaron. “También estaban remediando las ocho décadas de injusticias impuestas sobre las personas libres nacidas en los Estados Unidos, entre ellas, las personas afroamericanas libres e incluso aquellas que nunca habían sido esclavizadas”.
Además, las historiadoras señalaron: “Los fundadores de la Constitución sabían muy bien que los términos amplios de la Enmienda iban a reconocer y proteger el estatus de ciudadanía de los hijos de inmigrantes”.
Un eco que retumba a lo largo de la historia: ya hemos visto antes los argumentos contra la ciudadanía por nacimiento; estos surgieron del nativismo y los plantearon los racistas. En nuestro manual sobre Cómo combatir el originalismo, lo llamamos un “precedente negativo”. Por “negativo” léase “verdaderamente horrible”.
Nuestros derechos constitucionales de 2026 no deberían depender únicamente de los tejemanejes de la década de 1860, cuando se redactó la enmienda. Durante 150 años, cientos de miles de niños nacidos en los Estados Unidos de padres no ciudadanos han crecido para convertirse en personas ciudadanas orgullosas de ser estadounidenses.
Es un caso claro y sencillo, como dije. Entonces ¿por qué tenemos este caso siquiera?
Porque Trump está forzando el tema. Y el caso ofrece una perspectiva deprimente sobre cómo la Corte Suprema ayuda a impulsar, ratificar y legitimar argumentos extremistas. Ha puesto a andar un complejo industrial originalista que fabrica pruebas históricas para respaldar conclusiones injustificables.
Trump no se animó a hacerlo durante su primera presidencia. Pero después de su oleada de órdenes ejecutivas diseñadas para “conmocionar y asombrar” al comienzo de su segundo mandato, el mundo académico conservador de repente tuvo que considerarlo posible, intrigante, digno de una segunda evaluación.
Dos profesores distinguidos, Randy Barnett e Ilan Wurman, de repente descubrieron un “rompecabezas” que resolver. “Trump podría tener razón sobre la ciudadanía por nacimiento”, se las arreglaron para argumentar.
“Cuando Trump comenzó a hablar de este tema por primera vez, mucha gente pensó que era una locura”, el académico conservador John Yoo le dijo a The New York Times. Yoo creyó que el punto de vista de Barnett y Wurman era demasiado, ejem, tortuoso y, en cambio, presentó “el argumento originalista con respecto a la ciudadanía por nacimiento”. La gran mayoría del mundo académico está de acuerdo.
Yo creo que es muy probable que la Corte vuelva a confirmar el derecho a la ciudadanía por nacimiento. Pero ¿quién sabe? Pensé que la Corte iba a permitir el procesamiento penal contra expresidentes, que también se desprende de la Constitución. Este caso es aún más claro, porque la ley ya ha afectado la vida de muchísimas personas.
La predisposición de botar a la basura la jurisprudencia, así como el sentido común es un sello distintivo de la Corte Suprema presidida por Roberts. Para este período de sesiones, nos preparamos para ver cómo destrozan la Ley de Derecho al Voto (Voting Rights Act), le siguen concediendo al presidente un poder gigantesco (esta vez, permitiéndole mandar sobre agencias federales de expertos que el Congreso designó como organismos independientes) y pronuncian un nuevo dictamen que debilitará aún más las reglas de financiación de las campañas políticas.
La Corte se animó a bloquear la imposición unilateral de aranceles y ha demostrado cierta cordura con respecto a otros casos sobre los poderes de emergencia. Pero, en general, poco a poco, continúa su proyecto de remodelar el país.
En cuanto a la garantía de la ciudadanía por nacimiento, es una de las joyas de la corona de la Constitución de EE. UU. Durante un siglo y medio, la promesa de la nación consistía en que toda persona que nace aquí, por más humildes que sean sus circunstancias, es ciudadana estadounidense. Esperemos que la Corte defienda ese preciado principio e indignémonos ante el hecho de que deba hacerlo.
Traducción de Ana Lis Salotti