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- Este es el proyecto de ley que podría impedirles votar a más de 21 millones de estadounidenses, según nuestra investigación.
- El debate podría prolongarse durante dos semanas, y ahora es el momento de hacer ruido.
En su libro El Crack-Up, F. Scott Fitzgeraldescribió: “La prueba de una inteligencia de primera clase es la habilidad de conservar en la mente dos ideas opuestas al mismo tiempo y aún retener la habilidad de funcionar”. Esta semana, estamos viendo lo peor de la política estadounidense y también algo mucho más esperanzador en el sitio menos esperado: las prisiones.
Primero, la mala noticia.
Hoy, la Ley SAVE (SAVE Act) ingresa al recinto del Senado. Este es el proyecto de ley que podría impedirles votar a más de 21 millones de estadounidenses, según nuestra investigación. El debate podría prolongarse durante dos semanas, y ahora es el momento de hacer ruido: las fuerzas antivoto ciertamente están haciendo lo mismo. La indignación pública marcó una enorme diferencia a la hora de frenar el proyecto de ley la última vez que se intentó aprobar. Tú también puedes ayudar llamando a tus senadores.
Pero ¿por qué ahora este proyecto de ley? El presidente Trump, en medio de una campaña para socavar las elecciones futuras, lo catalogó como su prioridad número uno. El público piensa otra cosa. Una encuesta reciente de New York Times/Siena le preguntó al electorado cuál era el problema más importante que enfrenta el país. ¿La guerra? ¿La economía?
Según esta encuesta, el porcentaje de votantes que quiere que el Congreso se concentre en la “integridad de las elecciones” fue de... cero. He leído numerosas encuestas a lo largo de mis años en la política, pero no recuerdo haber visto nada parecido.
A medida que se debata el proyecto de ley, seguramente oiremos decir que no es más que una ley “de identificación de votantes”. No nos oponemos a los requisitos de identificación de votantes. El Brennan Center propuso una versión de identificación hace una década, y la Ley de Libertad para Votar (Freedom to Vote Act) incluía una disposición sobre este tema dentro de su agenda a favor del derecho al voto.
Pero esta legislación va mucho más allá, digamos, de la exigencia de presentar una forma de identificación para votar. El requisito de mostrar un pasaporte o un certificado de nacimiento a fin de registrarse para votar les impediría votar a muchísimas más personas ciudadanas que cualquier otra regla de identificación de votantes que alguna vez haya estado a punto de aprobarse. Por si vale señalarlo, la disposición sobre la identificación de votantes de este proyecto de ley es más restrictiva que cualquiera de las reglas vigentes de todos los estados, con la excepción de Ohio. Si se implementa para estas elecciones, haría un desastre.
También podemos esperar escuchar muchos resoplidos y protestas sobre los procedimientos del Senado, más precisamente sobre el “filibusterismo en el uso de la palabra”, en el que los senadores opositores tendrán que hacer todo lo posible para prolongar el debate.
El Brennan Center ha mantenido una postura muy clara a lo largo de los años. No nos gusta el filibusterismo y creemos que debe reformarse o incluso eliminarse para mejorar el funcionamiento del Senado. Pero, mientras exista, me alegra que se esté usando para bloquear este proyecto de ley descaradamente antivoto.
La nueva versión de la Ley SAVE está repleta de malas ideas. Obligaría a los estados a entregarle al Departamento de Seguridad Nacional la información sensible sobre las personas votantes que figura en los padrones electorales, para que la evalúe. Ya sabemos que el gobierno federal ha solicitado —y, en algunos casos, ha recibido— la capacidad de exigirles a los estados eliminar a determinadas personas votantes de los padrones. Y podría ponerse peor: una enmienda procura acabar efectivamente con la votación por correo, tal como lo demandó la Casa Blanca.
Nuevamente nos preguntamos: ¿por qué eso, por qué ahora? El senador Mike Lee (R-UT) dijo en voz alta lo que se murmura por lo bajo. Publicó una gráfica que mostraba que, según el sitio de predicciones Polymarket, ahora “los demócratas son los favoritos para ganar el control del Senado en 2026”.
“Revirtamos esto aprobando la Ley SAVE America”, publicó Lee.
Sí, todo esto refleja una fea veta en la política de los Estados Unidos. Una política grosera, partidista, hipócrita, de fuerza bruta.
Al mismo tiempo, está ocurriendo algo más, lejos de los estudios de las noticias montados en Capitol Hill. Encontrarás estos avances silenciosos en un lugar improbable: en las prisiones de los Estados Unidos.
La seguridad pública siempre es un asunto prioritario. La delincuencia aumentó drásticamente durante la pandemia de COVID-19, pero ha bajado desde entonces. Esa buena noticia crea un espacio para comenzar a implementar políticas sensatas.
En la actualidad, hay 2 millones de personas encarceladas en los Estados Unidos, una población mayor que la de varios de nuestros estados. Con demasiada frecuencia, las prisiones estadounidenses empeoran las cosas. Son sitios brutales y violentos, y hacen muy poco para ayudar a las personas presas a prepararse para salir en libertad. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Pero está ocurriendo algo interesante y alentador. Un grupo de expertos del Brennan Center recorrió el país en los últimos tres años, entrevistando a funcionarios, oficiales y guardias correccionales y a las personas que están encarceladas. Descubrieron algo sorprendente: reformas que funcionan, “brotes verdes” de reformas que han surgido por todo el país. Hoy publicamos nuestros hallazgos.
Maine, por ejemplo, ha brindado programas de educación, oportunidades laborales y asistencia de salud mental para quienes están encarcelados (cuya mayoría son personas de bajos recursos y con problemas de salud física o mental y abuso de sustancias). Los datos preliminares indican tendencias prometedoras, ya que muestran una reducción en el porcentaje de reincidencia del 30 por ciento y una disminución en los porcentajes de violencia del 40 por ciento.
Del mismo modo, en Carolina del Sur, un programa de unidades de vivienda para jóvenes adultos presos que usa un método de detención más humano registró una caída del 73 por ciento en la probabilidad de ser denunciados por actos violentos y una reducción del 83 por ciento en la probabilidad de terminar en celdas de confinamiento restrictivo. Estas reformas se están implementando en estados con gobiernos republicanos y demócratas. También hacen que las prisiones sean lugares de trabajo más seguros y eficientes.
Estos programas y enfoques innovadores pueden y deben ser replicados y ampliados. De hecho, se lograron fuera del proceso legislativo formal. En un momento donde hay sed de soluciones, este informe describe importantes recomendaciones que marcarían una diferencia real. Estos son verdaderos cambios que pueden hacer que nuestro sistema de justicia penal funcione mejor y mejorar la seguridad de nuestras comunidades, ahora mismo.
De modo que así está la política en 2026: tenemos una lucha abierta e hipócrita en el Senado, donde los senadores, a quienes les pagamos el salario todos los que contribuimos con impuestos, trabajan para negarle a su electorado la libertad de votar. Y en todo el país, tenemos a oficiales correccionales que están experimentando prácticas con audacia y persistencia para modificar un sistema que, a menudo, parece inmune al progreso.
Rechacemos a gritos la Ley SAVE y, una vez más, por favor, llama a tus senadores. Pero no perdamos de vista lo que sí está bien. En palabras del presidente para el que solía trabajar: “No hay nada malo en los Estados Unidos que no pueda curarse con lo que está bien en los Estados Unidos”.
Traducción de Ana Lis Salotti