Suscríbete aquí al boletín informativo del Brennan Center en español
- El Congreso actual es el tercero más longevo de la historia de la nación, y los miembros con mayor edad no muestran intención de querer dejar el cargo.
- Con un Congreso que no es fielmente representativo de las edades y vivencias de nuestro país, no debería sorprender que tantos jóvenes pierdan la fe en el gobierno.
A finales de 2024, se reveló que un miembro de la Cámara de Representantes de 81 años vivía en una residencia asistida y padecía “problemas de demencia” tras ausentarse de las votaciones durante varios meses. En 2023, un entonces senador de 90 años tuvo que recibir instrucciones sobre cómo votar tras mostrarse confundido durante un debate en un comité. En aquel momento, estos episodios generaron nuevas preguntas sobre la edad de los congresistas. Sin embargo, desde entonces, poco ha cambiado.
El Congreso actual es el tercero más longevo de la historia de la nación, y los miembros con mayor edad no muestran intención de querer dejar el cargo. De los 24 miembros que tienen 80 años o más, más de la mitad están buscando reelegirse en noviembre. Establecer una edad máxima para los miembros del Congreso ayudaría a disminuir esta creciente brecha de gerontocracia y a crear un poder legislativo más inclusivo, representativo y receptivo a la ciudadanía que sirve.
Hay y seguirá habiendo muchas personas talentosas y capaces de cierta edad, al igual que las hay entre las personas más jóvenes. No existe una edad máxima perfecta. Pero no deberíamos tener un gobierno octogenario cuando la edad promedio de los estadounidenses es varias décadas más joven.
Los miembros del Congreso son, en promedio, mayores por casi una década en comparación con los miembros de otras legislaturas del mundo. A veces, se nota. En el Congreso actual, algunos miembros han mostrado señales de deterioro cognitivo que han resultado en cuestionamientos sobre su capacidad para desempeñar sus labores y representar a sus electores.
Los estudios señalan que aproximadamente la mitad de las personas mayores de 80 años padecen demencia u otro deterioro cognitivo. Cuando los miembros del Congreso no pueden hacer su trabajo, sus electores se quedan sin una representación adecuada o, en algunos casos, sin representación alguna.
Un Congreso sin edad máxima también se traduce en menos oportunidades para que las personas más jóvenes ocupen cargos de elección popular. Un representante promedio ejerce cuatro mandatos en la Cámara (8 años) y un senador promedio cumple dos mandatos (aproximadamente 11 años). Mientras tanto, muchos congresistas permanecen prácticamente seguros en sus cargos durante décadas.
La ventaja del incumbente en una reelección y la enorme cantidad de dinero necesario para postularse a un cargo público hacen que sea muy difícil para los jóvenes políticos abrirse camino en el sistema.
El politólogo Lee Drutman comparó postularse a un cargo nacional en los Estados Unidos con “esperar al lado de una única vía del tren a que pase un tren de un solo vagón. A veces pasan décadas. No llega ningún tren. La taquilla, claramente abandonada, tiene un anuncio: ‘Cerrada hasta que el titular del cargo se retire’.”
Con un Congreso que no es fielmente representativo de las edades y vivencias de nuestro país, no debería sorprender que tantos jóvenes pierdan la fe en el gobierno. Según una encuesta reciente, solo el 16 por ciento de los jóvenes estadounidenses piensan que la democracia está funcionando bien para la juventud. Esa desilusión a menudo se traduce en la falta de participación. De hecho, menos de la mitad del electorado elegible menor de 30 años votó en las últimas elecciones presidenciales.
El pueblo estadounidense puede, y merece, tener un Congreso más funcional y más representativo. ¿Qué se puede hacer?
Un punto de partida sería adoptar una enmienda constitucional para establecer un límite de edad máxima para los congresistas. Como ejemplo, el límite absoluto máximo podría ser de 80 años. La Constitución establece una edad mínima para la Cámara de Representantes (25 años), el Senado (30) y el presidente (35). Establecer un tope de edad atendería un problema que no existía durante la era fundacional.
La Constitución se redactó en una época en la cual la expectativa de vida promedio era de unos 40 años. Hoy en día, esa cifra es de 79 años. A medida que el promedio de vida ha aumentado, , el argumento a favor de establecer límites de edad máximos cobra sentido. En 32 estados y el Distrito de Columbia, hay un máximo de edad para los jueces. Los límites de edad para los funcionarios federales electos también son populares, con el respaldo del 82 por ciento de los republicanos y el 76 por ciento de los demócratas, según una encuesta de 2023.