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Análisis

La corrupción es la principal preocupación del electorado

Nuevas investigaciones revelan el creciente dominio de los grandes capitales en las elecciones, y cómo los votantes toman acción en las urnas.

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octubre 26, 2026

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  • Por medio de propuestas sometidas a votación en todo el país, se están reescribiendo las reglas de la política, abordando el papel del dinero en la política, la votación, la manipulación de los distritos electorales y más.
  • Estamos viendo claras señales de que el sistema político necesita reformas.

Una encuesta reciente de Fox News reveló cuál es la preocupación principal de las personas votantes. No, no son los atletas transgénero ni la ley musulmana (sharía). Es la corrupción.

CNBC también identificó a la corrupción como el tema principal, seguida por el costo de la vida y la protección de la democracia. Todo esto reproduce una encuesta del Brennan Center, realizada hace unos meses, que detectó la profunda indignación de la ciudadanía. 

En 2026, el electorado está tomando acción. Por medio de propuestas sometidas a votación en todo el país, se están reescribiendo las reglas de la política, abordando el papel del dinero en la política, la votación, la manipulación de los distritos electorales y más. Esta forma de democracia directa, establecida por primera vez hace un siglo, permite a la ciudadanía participar en la redacción de las leyes. Es una fuente más de esperanza durante este año.

Estamos viendo claras señales de que el sistema político necesita reformas.

Esta mañana, publicamos una nueva investigación sobre el nuevo e inquietante papel de los grandes capitales en las elecciones de Estados Unidos. En lo que va de las elecciones de este año, los 40 principales donantes han aportado ocho veces más de lo que aportaron los 40 principales donantes en 2014. Los fondos se inclinan cada vez más hacia los republicanos, quienes reciben tres veces más apoyo de este grupo que los demócratas.

Consideremos este dato sorprendente: los sindicatos, que en algún momento fueron los grandes donantes, han desaparecido del panorama. Ningún sindicato figura entre los 40 principales donantes este año. Entre las filas de los más grandes donantes, el sector sindicalista ha sido reemplazado por los magnates de las criptomonedas. Esto es muy diciente de la transformación de nuestra economía.

Los votantes entienden esto perfectamente. Saben que sus propias dificultades económicas y una política fracturada están conectadas. Aunque la economía va avanzando lentamente, y la bolsa de mercados está por los cielos, las personas votantes viven una realidad distinta.

Aquí va un dato asombroso del año pasado: el 10 por ciento de los hogares son responsables por la mitad del gasto de consumo en este país. En otras palabras, la mayoría de los estadounidenses están en una recesión que, combinada con la inflación, resulta en una “estanflación” que no habíamos visto desde la década de los 70. No sorprende entonces que estén indignados.

En 1898, Dakota del Sur fue el primer estado en darle a los votantes la oportunidad de aprobar leyes. Durante toda la Era Progresista, especialmente en el oeste del país, las constituciones estatales facultaron a la ciudadanía para redactar leyes. La democracia directa puede ser caótica, pero en el mejor de los casos le ha permitido al pueblo pasar por encima de los intereses personales de los políticos. Las reformas a la redistribución de los distritos electorales y a las campañas fueron promulgadas de esta manera.

El próximo martes, según el Democracy Docket, el electorado en 20 estados considerará 25 propuestas que abordan las normas de la democracia. Muchas de estas propuestas llegaron a las urnas por iniciativa ciudadana. 

“En Michigan, los votantes decidirán si limitan las contribuciones políticas realizadas por los contratistas estatales y las empresas de servicios públicos, y si atacan los fondos de financiación anónimos”, escribió mi colega Penny Mack en el portal State Court Report.

En Montana, el electorado decidirá si se prohíbe a las corporaciones constituidas allí realizar aportes políticos. Quienes respaldan la iniciativa la catalogan como una forma de combatir a Citizens United. En California, las personas votantes podrían derogar una prohibición de larga data sobre el financiamiento público de las campañas.

En Alaska, el 72 por ciento de los votantes aprobó en agosto la Medida Electoral 1, la cual impone estrictos límites a los aportes de campaña a los candidatos. Ahora se le pedirá a la ciudadanía que derogue leyes de transparencia de las campañas. “Los votantes aprobaron la ley de transparencia en 2020 como parte de un paquete que también instauró el voto por orden de preferencia en el estado”, explica Mack. “Seis años después, ambas disposiciones son objeto de un esfuerzo conjunto por derogarlas”. 

La financiación de campañas no es el único tema que preocupa a los votantes estatales. En algunos estados, las medidas electorales restringirían la votación. En particular, el electorado en California considerará aprobar el requisito de presentar un documento de identidad para votar en persona o por correo. Además, en Missouri, las personas votantes tienen la oportunidad de bloquear el plan de redistribución de los distritos en la mitad del decenio censal que exigió Donald Trump, y también de proteger el proceso de referéndum en sí.

Y, en seis estados, los votantes escogerán si se impone un requisito para demostrar la ciudadanía con documentos, como un certificado de nacimiento o pasaporte, para inscribirse a votar.

Dentro de una semana, a medida que se cuentan los votos, los políticos y legisladores rápidamente se cuestionarán qué significó todo esto. Todo indica que los votantes están exigiendo que se tomen acciones concretas este año.

A veces, las personas votantes ayudan a moldear la era política mediante propuestas sometidas a votación. A principios del siglo XX, la democracia directa en muchos estados le extendió el derecho al voto a las mujeres y respaldó otorgar a los votantes, no a las legislaturas estatales, el poder de elegir a los senadores federales.

La Proposición 13 en 1978 redujo los impuestos en California, lo que paralizó las finanzas del estado, pero también sentó las bases para la Revolución Reagan dos años después. Las propuestas sometidas a votación para poner fin a las medidas de acción afirmativa fueron los primeros indicios de la “guerra al wokismo”. 

A nivel federal, no existe ninguna disposición que permita la democracia directa. (Cuando fui asesor en política pública del presidente Bill Clinton, traté de persuadirlo de hacer un llamado a un proceso de referéndum federal, pero prevalecieron los miembros del equipo que habían vivido en California y experimentado el sistema a menudo caótico y desordenado de ese estado). Las exigencias del público pueden ser silenciadas. Pero algunos años, la indignación de la ciudadanía puede ser difícil de ignorar.

La cuestión de si esto será una ola electoral parece ser un poco irrelevante. Ya sabemos, dado las jubilaciones y derrotas en las primarias en distritos seguros, que habrá 83 nuevos miembros en la Cámara, aún antes de saber si cambiarán los partidos a cargo de cada escaño. Ya existe una ola electoral en ambos partidos, un aumento en el descontento contra los titulares de los cargos que debería aflojar las certezas.

Si los demócratas ganan el control de la Cámara y tal vez el Senado, como cada vez parece más probable, comenzarán a formular sus agendas. La contienda presidencial iniciará de inmediato también. Cuarenta y nueve candidatos a la Cámara ayer publicaron una carta en la que declaran que “nuestro sistema político está roto”, e insisten en que la reforma democrática sea la prioridad legislativa. Los demócratas dicen que la corrupción será un tema principal, pero no han presentado un plan de acción.

Recientemente, la magistrada Elena Kagan de la Corte Suprema se refirió de manera contundente al alto tribunal y sus sentencias. Dijo: “El pueblo estadounidense observa este sistema político y piensa que todo este dinero que persigue a todos estos candidatos políticos es una pesadilla. Y tienen razón”.

El Congreso puede tomar acción mediante un amplio rango de reformas que van desde poner un fin a los fondos de financiación anónimos sin transparencia, a una prohibición real a los aportes a campañas de contratistas gubernamentales y hasta imponer límites a los períodos de mandato de los magistrados de la Corte Suprema. Todo esto respondería a la exigencia de cambio por parte del electorado.

Los votantes alzarán su voz. Pero, ¿los políticos tomarán acción?

Traducción de Laura Gómez