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- El descontento público es palpable; sin embargo, en muchos aspectos, el sistema político no está reaccionando.
- Lo que le falta a la política estadounidense en este momento es esto: nadie ha articulado una respuesta coherente y viable a la pregunta de qué viene después.
¿Es suficiente la indignación?
El fin de semana pasado, The New York Times publicó una serie de encuestas que demuestran que la opinión pública sobre los dictámenes de la Corte Suprema suele seguir la línea de los partidos políticos. Con una excepción: por un margen de 80 a 20, el público que respondió a las encuestas se opuso a la decisión de la Corte de flexibilizar las reglas sobre la financiación de las campañas políticas. Una profunda preocupación por la democracia y la igualdad se extiende más allá de las diferencias ideológicas.
El descontento público es palpable; sin embargo, en muchos aspectos, el sistema político no está reaccionando. Últimamente, ese descontento en ebullición se ha hecho notar en varios resultados sorpresivos de las elecciones primarias.
Aparecen nuevas preocupaciones, desde los centros de datos para la inteligencia artificial hasta los costos de la vivienda. Mientras Elon Musk se pavonea como el primer trillonario del mundo, parecería que los grandes debates sobre la riqueza, el poder y la desigualdad van a explotar en cualquier momento (o van a ser callados por las clases poderosas).
A veces parece como si el centro no aguantara. O quizá no quiere. En un momento como este, ¿qué debería hacer realmente la ciudadanía que quiere un cambio verdadero, en lugar de un enojo fingido?
Creo que lo que le falta a la política estadounidense en este momento es esto: nadie ha articulado una respuesta coherente y viable a la pregunta de qué viene después. Debemos resistir a los abusos y garantizar elecciones libres y justas. Pero quienes no quieren un triunfo del autoritarismo deben ofrecer una alternativa.
La historia de los Estados Unidos parece moverse en ciclos. El historiador Arthur M. Schlesinger Jr. postuló que es un péndulo que se columpia de izquierda a derecha. El científico político Stephen Skowronek propuso una secuencia diferente: a los presidentes transformadores que forjaron una nueva mayoría de gobierno les seguían otros que conservaban su coalición y que finalmente eran seguidos por líderes que presidieron un total desmoronamiento.
Hay otro ciclo que ha marcado nuestra historia, en el que largos períodos de estancamiento culminan en épocas de corrupción y disrupción, seguidas por una ola de reformas que construyen un nuevo orden. Un ciclo de deterioro y renovación. Un ritmo de reforma.
A los escándalos y los abusos les pueden seguir períodos creativos de cambios positivos, a menudo, pero no siempre. Pero es ahí cuando ocurren. ¿Cómo podemos aprovechar al máximo esos momentos?
Hablo de todo esto en un nuevo artículo de una revista académica de derecho que les quiero compartir. ¡Que no cunda el pánico! No es aburrido. Incluso tiene chistes. Pueden leerlo aquí en la revista Cardozo Law Review.
Como ya sabes, en el Brennan Center estamos trabajando mucho para delinear propuestas de reformas. Queremos abordar los problemas de la actualidad, no de hace 10 años ni de 1975. El proyecto de reformas debe lograr la participación de las personas de los dos partidos políticos y también de las personas sin partido. Las mejores ideas no son ni de izquierda ni de derecha. Reflejan el urgente deseo del medio indiferente.
Comenzamos por propuestas para solucionar la actual epidemia de la corrupción política. Leyes de ética que se aplican al presidente, al vicepresidente y a la Corte Suprema. Una prohibición real contra la compraventa de las acciones por parte de los congresistas. Un freno a las contribuciones de dinero anónimas en las elecciones. La financiación pública de las campañas políticas. Una enmienda constitucional para revocar la decisión del caso Citizens United y otros dictámenes que destruyeron las reglas de financiación de las campañas.
Proponemos otras reformas para cambiar el Congreso: desde la formación de un nuevo comité para abordar cuestiones sobre la inteligencia artificial hasta la implementación de un límite de edad para ejercer en el Congreso. Incluso una gran expansión de la Cámara de Representantes a 600 representantes, lo cual fomentaría sobremanera la diversidad y la representación, una excelente idea impulsada por un grupo de conservadores del American Enterprise Institute.
Las reformas también deben centrarse en la institución responsable de tanto daño: la Corte Suprema. Límites en el período de mandato de sus magistrados. Leyes de ética rigurosas. Un nuevo mecanismo para que el Congreso pueda responder ante los dictámenes equivocados. Hablaremos de esto y de la última sesión de la Corte Suprema la semana que viene en una conferencia en Washington, D.C. El senador Sheldon Whitehouse (D-RI) dará el discurso de apertura. Y te invitamos a que participes.
Próximamente, publicaremos nuevas ideas sobre cómo responder a la agresiva expansión del poder presidencial. Cómo reforzar la representación y el derecho al voto, en especial tras la decisión del caso Louisiana v. Callais y su impacto sobre la igualdad racial. Enmiendas constitucionales. Y más.
Evaluaremos las agencias que deben reformarse, como el henchido Departamento de Seguridad Nacional y el indispensable Departamento de Justicia, ahora disminuido y politizado. Y examinaremos cómo los gobiernos locales y estatales pueden alcanzar una “abundancia” sin ahogar las voces del público en un momento de profunda polarización.
Todas estas agendas de reforma tienen un único objetivo: un renacer democrático. Para cumplir la promesa de la democracia de la que hablaba el Dr. Martin Luther King Jr. y la que imaginaron los fundadores de la patria, nuestro gobierno debe estar libre de corrupción, representar verdaderamente a todo el pueblo y guiarse por el sentido de justicia por encima del partidismo. Nuestro país multirracial está cambiando, y debemos cambiar con él.
Esta es una de las tareas más emocionantes de las que he tenido el privilegio de participar durante mi presidencia en el Brennan Center.
Nunca dejes que te digan que las ideas no importan, que todo lo que importa es el poder, la oposición, los clics, las impresiones del momento. La ciudadanía no se moviliza si no vale la pena luchar por un futuro mejor. La ciudadanía necesita una revolución de expectativas elevadas. Durante la era de Reagan, los conservadores solían recitar que “las ideas tienen consecuencias”. Tenían razón.
En 2016, el establishment republicano, falto de ideas, se marchitó ante el desafío Trump. Hoy, los políticos del establishment demócrata corren el riesgo de acudir al electorado sin una visión para llamar a su movilización y acción, que no sea la mera oposición a Trump.