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Scott Olson/Getty
Análisis

Trump acelera sus intentos de socavar las elecciones

Sus amenazas y órdenes ejecutivas pueden terminar motivando a las mismas personas votantes que está tratando de desalentar.

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Scott Olson/Getty
julio 14, 2026

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  • Estamos presenciando una campaña de ataques psicológicos librada contra la democracia estadounidense de la mano de los líderes de su propio gobierno.
  • Todos los que queremos elecciones libres, justas y seguras en 2026 debemos decirlo con claridad y convicción: el electorado puede ir a votar con tranquilidad.

A 112 días de las elecciones, continúan los intentos del presidente Trump de socavar el voto. A medida que se le acaba el tiempo, sus esfuerzos se vuelven más agresivos, más descarados. Pero están enfrentando una resistencia con cada vez más aplomo.

El viernes pasado, Trump apartó a los comisionados que quedaban de la Comisión de Asistencia Electoral. Esta pequeña agencia existe para ofrecer ayuda y financiamiento a los estados. Trump ya había intentado presionar a la comisión para que implementara su política preferida de supresión del voto —el requisito de presentar un pasaporte para registrarse para votar—, pero un tribunal federal se lo impidió en un demanda judicial presentada el año pasado por el Brennan Center junto a otras partes. Ahora, sin ningún comisionado, la agencia no puede hacer mucho.

Otro juez federal anuló los citatorios solicitados por el Departamento de Justicia (DOJ, por su sigla en inglés) contra cientos de trabajadores electorales del condado de Fulton, Georgia. El juez señaló que los citatorios eran “pasmosos” y que el Departamento de Justicia andaba a “la caza de información”.

También la semana pasada, el Departamento de Justicia envió una carta intimidante a las autoridades electorales estatales en la que les advertía que podrían ser penalmente responsables si hay personas no ciudadanas registradas en los padrones electorales o votando en las elecciones.

El vicegobernador republicano de Utah, que es la máxima autoridad electoral del estado, escribió: “Esta mañana, recibí otra carta de amor del DOJ repleta de amenazas de procesamiento penal. Seguro que no soy la única máxima autoridad electoral de un estado al que están atacando por seguir las reglas estatales y federales y resistir a las exigencias del DOJ de entregarle los datos privados del electorado, que, hasta el momento, al menos una docena de tribunales han declarado como exigencias ilegales. Este es un comportamiento verdaderamente extraño de parte de la institución federal que debería estar protegiendo los derechos civiles”.

Trump hasta llegó a decir que la última conversación que tuvo con el recién fallecido senador Lindsey Graham fue sobre su apoyo supuestamente fervoroso a favor de la antidemocrática Ley SAVE (SAVE Act).

Ahora, trascendió que este jueves Trump va a pronunciar un discurso ante la nación y se rumorea que será para revelar que las elecciones de 2020 fueron hackeadas por... ¿China? ¿Irán? Cualquiera.

¿Por qué el presidente sigue insistiendo de esta manera? Sí, ha vuelto a abrir el litigio por las elecciones de 2020. Y algunos de los cambios que desea hacer en las políticas electorales, si se convirtieran en ley, podrían restringir el voto de millones de personas.

Pero la razón más grande es sembrar el miedo, la duda y la confusión en la mente del electorado.

Estamos presenciando una campaña de ataques psicológicos librada contra la democracia estadounidense de la mano de los líderes de su propio gobierno.

Me han contado lo que anda diciendo el electorado últimamente. Una mujer votante está convencida de que se le hará difícil votar porque cambió su apellido cuando se casó, que ahora es distinto al que figura en su certificado de nacimiento, aun cuando la Ley SAVE no se haya promulgado. Otra persona piensa, preocupada, que el dictamen sobre la Ley de Derecho al Voto de la Corte Suprema en el caso Louisiana v. Callais significa que no podrá votar.

Corren rumores alocados. Por ejemplo, que el exlíder de Venezuela, Nicolás Maduro, va a “confesar” haber participado en el robo de las elecciones de 2020 a cambio de clemencia. Y así sucesivamente. Muy pocos rumores han resultado ciertos. Pero el nivel de decibeles puede ser ensordecedor.

Todo esto precisa de la destreza de quienes queremos proteger el voto. Todos los años electorales, los grupos de defensa del derecho al voto, como el Brennan Center, evalúan cuidadosamente cómo transmitir tranquilidad al electorado, ya que el mero hecho de mencionar las posibles amenazas contra las elecciones podría ser contraproducente, asustar al electorado y desalentar al voto.

El electorado latino y otras comunidades inmigrantes, por ejemplo, pueden sentir miedo de que haya agentes de ICE en los sitios de votación. Si bien el despliegue de estas fuerzas en los sitios de votación sería ilegal, el simple hecho de plantearlo como una posibilidad podría hacer que muchas personas votantes se queden en casa. El miedo habría dado resultado.

Pero, en otros grupos de votantes, podríamos ver otro fenómeno: los esfuerzos de suprimir el voto podrían generar más movilización. En el sur, el electorado de raza negra está indignado por los esfuerzos de volver a trazar los mapas electorales después de que la decisión de la Corte Suprema en el caso Callais destrozó la Ley de Derecho al Voto. Esto podría traducirse en una participación histórica en las elecciones. La gente se enoja mucho cuando le quitan algo; y si es su representación y su voto, mejor cuídate.

Todos los que queremos elecciones libres, justas y seguras en 2026 debemos decirlo con claridad y convicción: el electorado puede ir a votar con tranquilidad. Prepárate para votar. Vota con la mayor anticipación posible. En persona, en un buzón de devolución de boletas, por correo.

Faltan 112 días. Se va a sentir más largo que eso. Pero cuando termine este año, la fuerte respuesta de todo el país ante los descarados esfuerzos de socavar nuestra democracia podría convertirse en la historia más potente.

Traducción de Ana Lis Salotti