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Hace un año escribí que estábamos “en una gran lucha por el futuro de la democracia estadounidense. Nada menos”. Ahora que empieza 2023, hay motivo de esperanza.

El año 2021 empezó con una insurrección. Un tercio de los estadounidenses rechazaron los resultados de las elecciones presidenciales a pesar de la falta de evidencia. En varios estados, la legislatura participó en un sabotaje deliberado de las futuras elecciones. Los funcionarios electorales recibieron amenazas de violencia en su lugar de empleo y, en ciertos casos, su residencia.

El Congreso no tomó medidas al respecto. La Cámara de Representantes aprobó legislación sobre el derecho al voto, y una mayoría en el Senado la respaldó. Habría sido la más importante medida de derechos civiles en muchos años. Pero dos senadores se rehusaron a cambiar las tácticas obstructivas del “filibuster,” y la medida fracasó. 

Pero ese no fue el final de la película. En 2022, se redoblaron las fuerzas de la democracia estadounidense. 

Los funcionarios electorales, en colaboración con agencias de la ley y varios grupos, entre ellos el Brennan Center for Justice, estaban preparados para disturbios. Pero las elecciones de mitad de periodo fueron imparciales, calmadas y exentas de problemas; me atrevo decir que hasta normales.

En estados reñidos se postularon para secretario de estado o gobernador candidatos que negaban los resultados de las elecciones, con el fin de tomar control de la maquinaria e imponer las condiciones de las elecciones de 2024. Todos perdieron. Muchos fueron derrotados tras postularse con otros miembros de su partido, que ganaron. Por ejemplo, miles de residentes de Nevada respaldaron al candidato republicano a gobernador y este ganó, pero votaron en contra del secretario de estado, quien dijo que “arreglaría” la elección de 2024 para Donald Trump.

En algunos estados, los votantes respaldaron innovadoras medidas electorales. Connecticut adoptó la votación temprana. Michigan expandió la votación anticipada y en ausencia, además de mejorar los requisitos de identificación. Más de 70 por ciento de los votantes en Arizona respaldaron limitar la financiación de elecciones por grupos de donantes anónimos y, a la vez, rechazaron una medida para imponer normas más estrictas de identificación para votar.

La semana pasada, con apoyo de ambos partidos, el Congreso votó para reformar la Ley de Conteo Electoral, que se redactó de manera imprecisa en el siglo XIX. La misma medida incluyó fondos para mejorar la infraestructura electoral y proteger a funcionarios electorales. No es suficiente, pero tendrá un impacto. 

Además, durante todo el año, el comité del 6de enero mostró que la Gran Mentira de Donald Trump fue a sabiendas. 

Si 2021 fue un año de traspiés para la democracia estadounidense, en 2022 recuperó el equilibrio. Sí, existe un aterrador movimiento de negacionismo electoral. Pero también hay un creciente movimiento a favor de la democracia que es diverso y fuerte. 

La democracia sigue bajo extraordinaria presión.

La Corte Suprema de Estados Unidos debate si debemos socavar el tradicional sistema de controles y equilibrios en las elecciones de Estados Unidos. Moore v. Harper definirá si las legislaturas estatales pueden manipular los distritos electorales, suprimir votos y participar en el sabotaje de elecciones sin la posibilidad de fiscalización por los gobernadores, tribunales y constituciones estatales. 

Desde que la Corte le quitó fuerza a la Ley del Derecho al Voto en 2013, la brecha de participación en las elecciones entre las diversas razas ha aumentado en muchos estados. En Georgia, mientras que la participación de votantes blancos aumentó entre 2018 y 2022, la de votantes no blancos disminuyó. Este año, la brecha general de participación entre votantes blancos y no blancos fue de 8.6 puntos porcentuales, 50 por ciento más alta que en las dos últimas elecciones de mitad de periodo. No podemos decir por qué de manera definitiva, pero la Propuesta 202 del Senado de Georgia, que impuso mayores barreras a la votación, es el principal sospechoso.

Las donaciones de protagonistas acaudalados desempeñan un papel cada vez más corrosivo. Amenazan con sobrepasar el alentador ascenso de pequeños donantes. En las contiendas para el Congreso de 2022, los 100 mayores donantes gastaron colectivamente 60 por ciento más que todos los pequeños donantes (quienes donan menos de $200) en conjunto. 

O sea que en 2023 y 2024 tenemos mucho por hacer. 

El Congreso debe seguir presionando para formular estándares nacionales básicos y restaurar la Ley del Derecho al Voto. La medida fracasó el año pasado, pero prevalecerá. Los reformistas deben seguir ondeando la bandera.

Los estados pueden avanzar con la próxima generación de reformas. Como el New York Timesreportó ayer, se han renovado esfuerzos a favor de la inscripción automática de votantes, una reforma propuesta inicialmente por el Brennan Center, y otras maneras positivas de aumentar la participación.

Debemos hacer más para combatir la influencia de los grandes donantes. Un rayo de esperanza: Nueva York acaba de implementar su sistema de financiación pública con pequeños donantes, la más importante respuesta a Citizens United en el país.

Además, cada vez hay mayor respaldo para hacer que la propia Corte Suprema de Estados Unidos rinda cuentas por sus actos. Un periodo máximo de 18 años para sus jueces es una idea que, sorprendentemente, cuenta con amplio apoyo de ambos partidos. Y cada vez se hace más evidente la necesidad de un código de ética obligatorio para la Corte. 

Me siento optimista. Los votantes no son indiferentes, en particular un bloque reducido pero muy importante de votantes indecisos. Una encuesta de octubre indicó que 70 por ciento de los estadounidenses consideran que el futuro de nuestra democracia es un factor importante cuando votan.

Durante gran parte de la historia del país, los candidatos y las causas han debatido estos mismos temas de poder y voz. En la era de Trump, se alzaron quienes quieren traer abajo nuestra democracia. Ahora también se han alzado personas de ambos partidos que quieren defender la democracia y hacer que funcione para todos. 

La lucha por la democracia es central en la política estadounidenses y debe seguir siéndolo. En 2023, hagamos que así sea.

Traducción de Keynotes Translations and Editorial Services