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Line of people waiting to vote
Stephen Maturen/Getty
Análisis

Cómo los escaños en la Cámara de Representantes podrían cambiar tras el próximo censo

A mitad de la década, una nueva serie de datos sobre la población recién publicados pronostican cambios continuos en la representación para después del censo de 2030, pero aún persisten importantes incógnitas.

enero 28, 2026
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enero 28, 2026

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  • Los nuevos datos de mitad de la década sugieren que la próxima reasignación de escaños, en teoría, produciría otro aumento gigantesco en los escaños congresuales asignados para el Sur.
  • Quizá la incertidumbre más grande y evidente se centra en los futuros niveles de inmigración a los Estados Unidos y su composición.

Las nuevas cifras sobre la población a nivel estatal publicadas en enero por la Oficina del Censo de los EE. UU. señalan que nuestro país podría registrar grandes cambios en la representación y en el poder político tras la reasignación de los escaños de la Cámara de Representantes que se realizará luego del censo de 2030.

Pero, quizá más que en cualquier otro momento de nuestra historia reciente, hoy en día se percibe una importante incertidumbre a la hora de predecir si las proyecciones se cumplirán o no, debido a los posibles cambios a largo plazo en los niveles de inmigración y otros cambios demográficos potenciales.

¿El Sur y la región oeste de las Montañas tendrán otra década histórica?

Los nuevos datos de mitad de la década sugieren que la próxima reasignación de escaños, en teoría, produciría otro aumento gigantesco en los escaños congresuales asignados para el Sur, posiblemente el incremento más grande en la historia de la región.

Si las tendencias poblacionales observadas desde 2020 continúan durante el resto de la década, se prevé que Florida, Georgia, Carolina del Norte y Texas ganen más distritos congresuales en la próxima reasignación.

Florida y Texas serían los dos estados con más incrementos, con cuatro y tres distritos más, respectivamente, mientras que Georgia y Carolina del Norte agregarían un escaño más cada una.

Si estas estimaciones se concretan, el Sur tendría más escaños en la Cámara de Representantes que en ningún otro momento de su historia, ya que los representantes sureños compondrían casi el 40 por ciento de todos los miembros del recinto.

 

Las tendencias de crecimiento observadas desde el censo de 2020 también indican que los estados de la región oeste de las Montañas también ganarían más escaños durante la reasignación: Arizona, Idaho y Utah se llevarían un nuevo distrito cada uno.

Mientras tanto, los estados del Noreste y Medio Oeste continuarían la misma tendencia observada desde la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, en la que siempre pierden escaños en las reasignaciones que se hacen cada década. Mientras que Nueva York e Illinois tenían 45 y 27 escaños congresuales, respectivamente, después del censo de 1930, ahora tendrían tan solo 24 y 17 escaños después de la reasignación de 2030, si se confirman las tendencias actuales.

En el Oeste, California también sufriría una impresionante pérdida de representación, ya que su delegación congresual perdería 4 escaños y se quedaría con 48, lo cual sería tan solo la segunda vez en perder representación desde que se convirtió en estado. Del mismo modo, Oregón, que fue uno de los 17 estados con más muertes que nacimientos entre 2024 y 2025 y ha ocupado los últimos lugares en materia de inmigración y migración interna, perdería el único distrito que ganó en la reasignación de 2020.

Por otro lado, cabe señalar que los nuevos datos también reflejan cierta incertidumbre en el caso de Florida. Según los datos del censo publicados en diciembre de 2024, se esperaba que Florida ganara otros cuatro escaños después del censo de 2030. Pero, este año, con un crecimiento de población más bajo, ese aumento proyectado cayó a tres escaños. De hecho, si se aplica la tendencia poblacional de tan solo el último año para proyectar su crecimiento futuro, el Estado del Sol podría llevarse tan solo dos escaños nuevos (mientras que Nueva York perdería solo uno y no dos).

Algunas salvedades: el pasado no necesariamente predice el futuro

Tal como lo demuestra el ejemplo de Florida, las proyecciones del crecimiento poblacional futuro están acompañadas de una importante salvedad: los cambios futuros en la población pueden no parecerse a los del pasado. Quizá la incertidumbre más grande y evidente se centra en los futuros niveles de inmigración a los Estados Unidos y su composición.

En los últimos años, a medida que la población nacida en los EE. UU. envejece, ha sido la inmigración, y no el aumento de población derivado de los nacimientos, el factor cada vez más grande que impulsa el crecimiento poblacional en los Estados Unidos, tanto en los estados demócratas como en los republicanos.

Por ejemplo, en Texas, un estado de rápido crecimiento, la inmigración fue responsable del 44 por ciento del crecimiento poblacional del estado entre 2024 y 2025, mucho más que el porcentaje de crecimiento debido a la migración interna o al aumento natural de la población (número de nacimientos).

De igual modo, en el mismo período, la inmigración compuso más del 90 por ciento del crecimiento poblacional de Florida. Entre 2024 y 2025, Florida agregó a su población 178,674 inmigrantes provenientes del exterior, mientras que solo 22,517 personas (apenas una décima parte de la población nueva de inmigrantes del estado) se mudaron allí el año pasado de otros estados del país. (Dado que tiene una importante población de personas retiradas, Florida siempre ha registrado más muertes que nacimientos por año).

Del mismo modo, California, Illinois y Nueva York habrían tenido una pérdida neta de población si no hubiera sido por la inmigración.

El rol que cumple la inmigración a la hora de impulsar el crecimiento de la población se puso particularmente de manifiesto durante los primeros años de la presidencia de Biden, cuando se logró avanzar con los retrasos en el procesamiento de visas ocurridos durante la pandemia y cuando un fuerte aumento de solicitudes de entrada al país por razones humanitarias (es decir, como refugiados o solicitantes de asilo) ayudó a compensar la reducción en los nacimientos de casi dos décadas y un incremento en las muertes en la gigantesca generación de baby boomers ya envejecidos.

 

 

Sin embargo, los niveles recientes o incluso históricos de inmigración podrían no ser una buena indicación de lo que ocurrirá en el futuro.

Desde que llegó al poder en enero de 2025, la segunda administración Trump ha puesto en práctica políticas de inmigración mucho más restrictivas, cuyos contornos siguen cambiando. No solo ha reducido drásticamente la cantidad de personas que se admiten en el país por razones humanitarias, sino que también ha acelerado e incrementado las operaciones de deportación, incluso de numerosas personas residentes desde hace años, y ha tomado medidas por primera vez en seis décadas para obstaculizar otras vías legales de entrada a los Estados Unidos, tales como las visas de estudiante y trabajo.

Como consecuencia de estos cambios, la mayoría de los expertos ahora prevé que la inmigración a los Estados Unidos será nula durante al menos los próximos años. Algunos expertos creen que los niveles de inmigración hasta podrían tener un resultado neto negativo, lo cual significa que sale del país más gente de la que entra, algo que nunca ha pasado en por lo menos las últimas seis décadas.

Esta caída en los niveles de inmigración se refleja solo parcialmente en los nuevos datos del censo, porque solo miden los cambios de población ocurridos hasta el 1 de julio de 2025.

Si, en efecto, los niveles de inmigración terminan dando un resultado nulo o negativo en el saldo de la década, las proyecciones actuales de reasignación de escaños podrían cambiar de formas inesperadas.

Por ejemplo, si hay una inmigración nula entre 2025 y 2030, el Brennan Center proyecta que Florida agregaría solo dos escaños en lugar de tres, porque dejaría de ser uno de los estados de mayor crecimiento de la nación y pasaría a tener un crecimiento relativamente bajo. Mientras tanto, Wisconsin se quedaría con el escaño que, en la actualidad, se prevé que perdería.

Cabe señalar un aspecto importante: una reducción en los niveles de inmigración no solo significa el ingreso de menos personas por año a los Estados Unidos, sino que también implica que habrá menos nacimientos, ya que las personas inmigrantes, en general, tienden a ser más jóvenes que las personas nacidas en los Estados Unidos.

Por ejemplo, una seria anticipada de cifras de la Oficina del Censo sobre el crecimiento a largo plazo de la población proyectó que, sin inmigración, el número de muertes en los Estados Unidos comenzaría a superar el número de nacimientos en 2033, en lugar de 2038, lo cual colocaría a los Estados Unidos en la misma categoría que otros países europeos y asiáticos que tienen bajos niveles de inmigración.

Además, hay que agregarle al panorama otra complejidad: la incertidumbre de si las reducciones futuras en los niveles de inmigración serán uniformes en todo el país o si serán diferentes en los distintos estados, a medida que se sigan admitiendo ciertos tipos de inmigrantes (como trabajadores de alta tecnología o profesionales médicos) y no se admita a otros.

Pero las variaciones en los niveles de inmigración no son lo único que podría cambiar las proyecciones sobre la reasignación de escaños en el Congreso. El nivel de migración interna —es decir, el número de personas que se mudan de un estado a otro durante el curso de una década— también podría variar.

Para muchos estados, la migración de un estado a otro es un importante factor de cambio. Pero los niveles de migración interna también pueden variar con el tiempo, y las tendencias de los últimos años podrían o no continuar en la segunda mitad de la década.

Por ejemplo, un análisis reciente indica que Florida, que desde siempre ha atraído a grandes números de personas retiradas, se está volviendo demasiado costoso para muchas personas mayores de clase media y trabajadora. El aumento en los costos de la vivienda en los estados más prósperos del Sur, combinado con el incremento en las tasas de interés, también podría desacelerar el crecimiento en estos estados más dinámicos.

Por último, que la próxima reasignación de escaños coincida o no con las proyecciones dependerá de que se lleve a cabo un censo completo y preciso en 2030. A su vez, ello dependerá de que tanto el gobierno federal como los estados puedan evitar los problemas del pasado.

Consideremos el censo de 2020. Antes de su lanzamiento, California gastó $187 millones, y el estado y la ciudad de Nueva York, entre los dos, gastaron $100 millones en campañas para alentar a sus residentes en comunidades difíciles de contar a llenar los formularios del censo y garantizarles la seguridad de sus datos personales.

En cambio, Texas, un estado de gran crecimiento y muy diverso, no gastó ni un solo dólar de sus fondos estatales en campañas para el censo, a pesar de tener importantes comunidades inmigrantes y otras que son difíciles de contar. El resultado causó una sorpresa durante la reasignación de escaños. Que el censo hubiera contado de menos significó que Arizona, Florida y Texas recibieran menos escaños congresuales nuevos durante la reasignación de 2020 que lo que se esperaba, mientras que estados como Nueva York y Minnesota retuvieron los escaños que se preveía que iban a perder.

Asimismo, durante el censo de 2020, el Congreso proporcionó muchos menos fondos para las operaciones del censo de lo que numerosos grupos de defensa consideraban necesarios a fin de maximizar el recuento de toda la población.

Encima, la primera administración de Trump tomó la decisión controversial en el último minuto de intentar incorporar una pregunta sobre ciudadanía en el cuestionario del censo, a pesar de que los expertos advertían que agregar una pregunta sobre ciudadanía que no se había puesto a prueba podría disminuir la participación en estados con grandes poblaciones inmigrantes.

Ya existen indicios de que esto pueda repetirse, incluso de un modo aún más insolente. Si bien los esfuerzos de agregar una pregunta sobre ciudadanía en el censo de 2020 fueron bloqueados por varios tribunales federales porque la administración no había seguido los procedimientos requeridos para intentar agregar esa pregunta, podrían regresar con creces esta década.

De hecho, algunos republicanos en el Congreso han presentado proyectos de ley que no solo buscan agregar una pregunta sobre ciudadanía en el censo de 2030, sino que también exigen que la persona que llena el cuestionario diga si tiene el derecho legítimo de residir en los Estados Unidos. Luego, estos proyectos de ley exigirían que se reste a todas las personas que no tienen un estatus legal en el país para las estadísticas utilizadas en la reasignación de escaños.

Asimismo, mientras que algunos estados como Nueva York ya están comenzando a planear el censo de 2030, que ocurrirá en menos de cuatro años, muchos otros estados, como Texas, no lo están haciendo. En un entorno donde la desconfianza en el gobierno crece cada vez más en todo el espectro político, este podría ser un mal presagio para la precisión del próximo censo.

Traducción de Ana Lis Salotti