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- A pesar de las falsedades promovidas por Trump y sus aliados, no hay evidencia de que gobiernos extranjeros hayan interferido exitosamente en elecciones estadounidenses anteriores.
- Pero las campañas de desinformación patrocinadas por estados extranjeros sí se han convertido, lamentablemente, en una característica común de nuestras elecciones.
Faltan solo unos meses para las elecciones de medio término y, aun así, la administración Trump dedicó el último año a recortar sistemáticamente el personal de las agencias y a desmantelar iniciativas encargadas de detectar y desarticular operativos de desinformación en las elecciones estadounidenses.
Incluso mientras la administración alertaba sobre la desinformación extranjera en medio del conflicto en Irán, mermó su propia capacidad de respuesta al desmantelar centros que rastreaban la influencia extranjera y debilitar la experticia sobre la guerra informática.
En 2024, China y Rusia atacaron las contiendas al Congreso con desinformación, además de poner en la mira a las elecciones presidenciales. Tras estos ataques, el gobierno debió reforzar las salvaguardias institucionales para ayudar a disminuir el alcance de dichas campañas.
En su lugar, la administración Trump ha dejado las contiendas al Congreso de este año aún más vulnerables a la manipulación por parte de troles y contenidos ultrafalsos ( o deepfakes) patrocinados por estados extranjeros al haber reducido los presupuestos de las agencias pertinentes y despedir al personal necesario.
A pesar de las falsedades promovidas por Trump y sus aliados, no hay evidencia de que gobiernos extranjeros hayan interferido exitosamente en elecciones estadounidenses anteriores alterando de alguna manera las máquinas de votación o el proceso de recuento de votos. Pero, a diferencia de la manipulación de las máquinas de votación, las campañas de desinformación patrocinadas por estados extranjeros sí se han convertido, lamentablemente, en una característica común de nuestras elecciones.
En 2024, los operativos extranjeros adoptaron la inteligencia artificial para incrementar su alcance y sofisticación, utilizándola para crear imágenes y videos ultrafalsos y para redactar contenido de noticias falsas para artículos y bots. Las tácticas extranjeras de influencia maligna también son cada vez más difíciles de detectar gracias a las crecientes capacidades de la inteligencia artificial. Esta amenaza en constante evolución significa que los recientes recortes a las agencias sucedieron en un momento particularmente malo.
Estos recortes han sido brutales. Entre enero y agosto de 2025, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional recortó más de 500 puesto de trabajo —aproximadamente el 30 % de su fuerza laboral. Luego, la entonces directora de inteligencia nacional, Tulsi Gabbard, anunció que la agencia eliminaría puestos adicionales y reduciría el Centro sobre Influencia Extranjera Maligna, responsable de rastrear las campañas extranjeras de desinformación.
La oficina había descubierto operaciones de influencia en elecciones anteriores, incluyendo una iniciativa respaldada por Irán dirigida contra Trump. Desde entonces, la oficina de inteligencia nacional reasignó muchas de las funciones del centro a otras dependencias, resultando en su fragmentación.
Mientras tanto, al comienzo del segundo mandato de Trump, el FBI discretamente disolvió el grupo de trabajo dedicado a investigar los operativos extranjeros de engaño y a compartir información con funcionarios locales y estatales y empresas de redes sociales. La primera presidencia de Trump creó el grupo de trabajo después de los intentos de Rusia de influir en las elecciones de 2016.
La administración actual también redujo el personal de la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad de los Estados Unidos, la cual se centraba en la desinformación extranjera. La agencia, que coordina y asesora sobre la seguridad de la infraestructura electoral además de otros sectores de infraestructura crítica, ha perdido cerca de un tercio de su fuerza laboral. Cientos más de puestos de trabajo fueron reasignados. (La nueva propuesta presupuestaria de Trump reduciría aún más la agencia).
Según informes, entre los puestos eliminados se encontraban más de una docena de empleados de la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad que monitoreaban las campañas extranjeras de desinformación en las elecciones. Mientras tanto, el Departamento de Estado cerró el Centro para la Participación Global, otro grupo creado para coordinar las respuestas a la propaganda y desinformación extranjera de Rusia, China e Irán. (Este centro no se enfoca exclusivamente en las falsedades electorales).
Los equipos desmantelados, el personal eliminado y la disminución de experticia significan que el gobierno federal está muy mal preparado para responder a un ciclo electoral en el cual Irán, China y Rusia tienen un incentivo especial para intentar influir en los resultados.
Aunque el gobierno federal goza de una clara ventaja para detectar operaciones y debería hacer todo lo posible para mejorar la preparación y encontrar una forma de recuperarse de los recortes de personal, fortalecer las elecciones contra la desinformación extranjera requerirá una mayor coordinación entre los investigadores, las organizaciones sin fines de lucro, los estados y las autoridades electorales.