Los notables desaciertos en las elecciones presidenciales de 2016 y 2020 pusieron de manifiesto algunos de los retos que plantean las encuestas, en particular respecto a subestimar el apoyo entre ciertos grupos de votantes. Las predicciones equivocadas, en combinación con un ambiente político cada vez más polarizado, han convertido a las encuestas en un objeto atractivo para la manipulación y los intentos de socavar la confianza pública.
Hoy en día, el escepticismo ante la credibilidad de las encuestas está afectando cómo las personas votantes deciden en qué encuestas creer. Dos amenazas distintas, pero que se refuerzan mutuamente, contribuyen al problema. En primer lugar, las encuestas legítimas son a menudo atacadas o ignoradas cuando los resultados no son favorables o son inconvenientes.
En segundo lugar, las encuestas engañosas o directamente falsificadas pueden distorsionar las percepciones de la opinión pública y potencialmente influir en los resultados electorales. Entender ambos problemas es esencial para proteger la capacidad de los votantes de tomar decisiones informadas.
Ataque a las encuestas legítimas
Una encuesta legítima es un sondeo científico diseñado para medir lo que la gente piensa, cree o pretende hacer. Sigue estándares establecidos para el muestreo, el diseño y la metodología de la encuesta y su verificabilidad. Cuando se realizan correctamente, las encuestas ofrecen una fotografía confiable de lo que el público piensa sobre temas importantes y le brinda a la ciudadanía una voz confiable en el proceso democrático al ayudar a los líderes a entender sus puntos de vista.
Hay docenas de organizaciones independientes en los Estados Unidos que realizan sondeos de opinión pública con regularidad. Economist/YouGov, CBS/YouGov, ABC/Washington Post, NBC/Wall Street Journal, Reuters/Ipsos, Quinnipiac University, y la Associated Press están entre las organizaciones que producen la mayoría de las encuestas nacionales que son ampliamente citadas y utilizadas por las campañas, los medios de comunicación, analistas e investigadores académicos.
Gallup ––la pionera en las encuestas modernas ––ha dejado de realizar las típicas encuestas sobre la carrera electoral en Estados Unidos, pero continúa realizando encuestas sobre temas específicos, al igual que otras organizaciones independientes y con sedes en universidades como el Pew Research Center, el Siena College y la AP-NORC.
Estas organizaciones utilizan métodos científicos rigurosos que garantizan que las personas que encuestan reflejan la población general. Por ejemplo, el Pew Research Center selecciona a los participantes utilizando un muestreo basado en la probabilidad para que la mayoría de las personas adultas en EE. UU. tengan una probabilidad conocida de ser seleccionados. Los resultados se ponderan para reflejar la demografía nacional y la totalidad de su metodología se divulga.
Atacar la credibilidad de las encuestas legítimas se ha convertido en una táctica política recurrente para erosionar la confianza del público en los resultados. Los políticos y partidos políticos ahora declaran que los resultados de las encuestas que no les gustan son sesgados o forman parte de una conspiración. Por ejemplo, en enero, el presidente Trump amenazó con demandar al diario The New York Times por los resultados de una encuesta que mostraba una caída en su índice de aprobación. El Timesdefendió la metodología de la encuesta y la trayectoria de la empresa.
El auge de las encuestas falsas
Una encuesta falsa fabrica o manipula datos para crear una impresión engañosa sobre el sentir de las personas votantes. A diferencia de las encuestas legítimas, su propósito no es medir la opinión pública, sino influir y modificar el comportamiento electoral. Las encuestas falsas están diseñadas para influir en los votantes todavía indecisos o que aún no tienen un compromiso firme.
Las investigaciones demuestran que estos votantes a menudo encuentran en las encuestas una fuente de información sobre la viabilidad de un candidato, su ímpetu electoral y el sentir general de la opinión pública. Al exagerar la fuerza de un candidato o sugerir que su opositor tiene poca probabilidad de ganar, las encuestas manipuladas pueden generar un efecto de adhesión a lo popular, desalentar la participación y alterar la percepción de una contienda en un momento en que muchas personas votantes están decidiendo cómo votar.
Las encuestas engañosas se han vuelto más visibles en los últimos ciclos electorales. Candidatos de ambos partidos han publicado encuestas que los muestran liderando o en un empate técnico en contiendas muy reñidas, sin revelar la metodología subyacente, incluso cuando los resultados divergen significativamente de las encuestas más establecidas o validadas de forma independiente. El problema se ha agudizado en los últimos años.
Durante las elecciones de medio término de 2022, una ola de encuestas partidistas y metodológicamente deficientes distorsionó los promedios basados en las encuestas y contribuyó a generar percepciones erróneas sobre varias contiendas. En algunos casos, las encuestas parecían estar diseñadas para inflar el respaldo percibido, moldear la narrativa mediática y sembrar dudas de antemano sobre los posibles resultados electorales.
A partir de 2024, se han utilizado encuestas inventadas para inflar la aparente fuerza de un partido y potencialmente ayudar a preparar el camino para cuestionar la legitimidad de un resultado electoral inconveniente. En el ciclo electoral de 2026, la contienda en Maine al Senado ilustra una tendencia de las campañas a encargar encuestas internas y divulgar de forma selectiva resultados favorables para reforzar la percepción de fortaleza de un candidato y crear la apariencia de que la campaña avanza con ímpetu.
La manipulación del sentir de las personas votantes puede ocurrir de otras maneras. Un gráfico inventado de CNN mostró a la candidata demócrata Kamala Harris por encima de Donald Trump por 6 puntos porcentuales en Texas durante la votación temprana. Mientras que CNN nunca publicó está gráfica, y fue rápidamente desmentida como una imagen manipulada, aun así, siguió circulando en línea, lo que llevó a algunos usuarios en las redes sociales a concluir erróneamente que las elecciones estaban manipuladas a favor de los demócratas.
La manipulación de las encuestas no es sólo un problema interno. En las elecciones parlamentarias de Hungría de 2026, la preocupación por las encuestas manipuladas y los operativos de información se intensificó en los últimos días de la campaña.
Los observadores notaron una creciente brecha entre las encuestas de organizaciones independientes, muchas de las cuales mostraban al partido de oposición Tisza a la delantera, y los encuestadores afines al gobierno que proyectaban un fuerte resultado a favor del candidato postulado a la reelección Viktor Orbán, del partido de gobierno Fidesz. Algunos analistas argumentaron que esta diferencia era difícil de explicar únicamente desde el punto de vista metodológico.
Cómo verificar la legitimidad de las encuestas
Los ataques a las encuestas legítimas y la difusión de encuestas falsas cobran fuerza, en parte, porque la mayoría de las personas votantes no tienen las herramientas para evaluarlas. Estas preguntas pueden ayudar:
- ¿Quién realiza la encuesta? ¿Es una organización ya establecida o una entidad desconocida? Opte por organizaciones ya establecidas con un historial de precisión y transparencia.
- ¿Cómo se realizó la encuesta? ¿Su metodología está públicamente disponible? ¿Utiliza un muestreo representativo?
- ¿Por qué se publicó la encuesta ahora? ¿Tiene el patrocinador algún interés en el resultado? ¿Se publicó en un momento diseñado para influir en la opinión pública?
Las encuestas son una herramienta importante para entender la opinión pública, pero cada vez es más difícil para los votantes distinguir las encuestas creíbles de los intentos de fabricar consenso. Ayudar al electorado a entender cómo funcionan las encuestas y cómo distinguir entre las encuestas legítimas y las falsas fortalece su capacidad de criterio y hace que la democracia sea más resistente a la manipulación.
Traducción de Laura Gómez